ARIEL ALVAREZ VALDEZ DEJO DE SER CURA

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ARIEL ALVAREZ VALDEZ DEJO DE SER CURA

Mensaje  pajarito-curioso el Vie 07 Ago 2009, 09:30

Cansado por las arbitrariedades de las resoluciones tomadas por el OBISPO POLTI, quién le PROHIBIO EJERCER LA DOCENCIA, me han comentado que hace unos treinta días ARIEL ALVAREZ VALDEZ, con todos los defectos que puede tener un hombre, convocador de multitudes a sus misas y gran estudioso de la Biblia, tomo la decisión de abandonar el sacerdocio...No lo conozco, pero creo que arbitrariedades de este tipo , le hacen MUY MAL A LA IGLESIA CATOLICA APOSTOLICA ROMANA. No puede prescindir de gente que convoca a los fieles a las Iglesias



pajarito-curioso

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A ver....

Mensaje  rastrojero el Vie 07 Ago 2009, 09:59

Amigo Pajarito: el P.Ariel ya habìa sido amonestado por predicar y publicar teorìas propias y novedosas, que se hallan en franca contradicciòn y oposicion al magisterio de la Iglesia. No obstante ello, continuó difundiendo sus ideas como si el que le hubiese llamado la atenciòn hubiese sido el Pastor Gimènez y no la Santa Sede.

Ariel Álvarez Valdèz siempre se considerò superior(por sus estudios, sus anàlisis, etc), por lo que se consideraba casi exento de cualquier acatamiento a sus superiores, de trato con sus pares en presbiterio, y demàs normas que hacen a la vida religiosa. De hecho vivía en un departamento céntrico, es comùn verlo departiendo con grupos de jovenes por las noches, etc.

La Iglesia catòlica no es un partido polìtico donde vale màs el que màs convoca. En la Iglesia se busca la santidad y no la cantidad. Es preferible que haya cien personas con ansias de fidelidad,caridad, amor. Que miles buscando la coma y la explicaciòn a "por què no es posible que Jonàs haya estado en el vientre de una ballena durante tres dìas".

Ariel. Ya era hora de que dejes de herir a la Iglesia Catòlica. Buen viaje y hasta nunca. Ponè un emprendimiento con Gilbert.


"Acordaos de aquellos superiores vuestros que os expusieron la palabra de Dios: reflexionando sobre el desenlace de su vida, imitad su fe. Jesucristo es el mismo hoy que ayer, y para siempre. No os dejéis extraviar por doctrinas llamativas y extrañas". Hb, 13

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No hay que meterse en lo que no se sabe

Mensaje  Mistol el Vie 07 Ago 2009, 11:09

Muchas veces lei en el foro opiniones y noticias de politicos corruptos y por medio de este foro pude saber muchas cosas que de otra forma no las hubiera aprendido. Pero me molesta que a veces se emitan opiniones sin conocer bien el tema. Rastrojero juzga a una persona que acercó a miles de fieles a la Iglesia y eso es lo que deben hacer los pastores de las mismas. Mucha gente se habia alejado por que el mensaje que escuchaban era demasiado alejado de la vida real y eso tenia Ariel, trasladaba las lecturas a lo cotidiano de nuestras vidas. Supongo que esto se debe a que Rastrojero no iba a las misas de Ariel Alvarez Valdes y solo se deja llevar por las imagenes televisivas o algun comentario expresado por gente que no lo conoce en lo mas minimo.

Estoy en total coincidencia con lo que dice pajarito curioso, que al parecer sabe de las internas de la institucion religiosa, en donde priorizan el poder, a lo que se predica. Lamento que mi Iglesia haya perdido a un excelente orador, estudioso y por sobre todo exelente persona como Ariel Alvarez Valdes

Mistol

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Re: ARIEL ALVAREZ VALDEZ DEJO DE SER CURA

Mensaje  rastrojero el Vie 07 Ago 2009, 11:30

Es decir que la Iglesia se debe adaptar a la enseñanza de Ariel y no Ariel ajustarse al magisterio de la iglesia?. Es es el enfoque y el criterio de los evangèlicos: leer, interpretar, y lo que el pastor interpreta es la verdad y lo que se debe enseñar y predicar.

Què es lo que le hace pensar que no sè del tema, o que no concurro a la Santa Misa, o que me guìo por comentarios?.

Si usted leyera un poco, en lugar de dejarse llevar por "el corazòn", sabrìa que los desvìos litùrgicos y doctrinarios en que incurre Ariel, y a los que arrastra a esos miles de fieles, son rayanos a la herejìa. Ejemplo: negar la existencia del infierno. Dogma.

Usted parece haberse encandilado por la iglesia de la pandereta y la guitarrita. Trate de vivir su fe un poco màs seriamente, por favor.

Y si le gustan las religiones donde todo es bello, no hay maldad, y no es necesario hacer mèritos para ganarse el cielo, por que "Dios es bueno y no puede condenar al infierno, al sufrimiento, a ningùn alma", sepa que se equivocò de Iglesia. La Iglesia Catòlica exige sacrificios,penitencias, resignaciones, abandonos, humildad, etc, etc.

rastrojero

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Re: ARIEL ALVAREZ VALDEZ DEJO DE SER CURA

Mensaje  asimo el Vie 07 Ago 2009, 11:44

Estimados pajaro y Rastrojero: "Ariel" como le dicen sus allegados, creo que desde Febrero que tiene comunicada (desde España) esta desición a su circulo íntimo.

También es lector del foro y hasta tengo entendido que fué forista.

No estoy de acuerdo con Rastro (ni voy a tratar de convencerlo de que piense distinto), creo que es y seguirá siendo muy valioso en sus aportes a la interpretación de la palabra de Dios.

En cierto modo, todo personaje, que sea desacreditado por Polti o Venedicto, me cae bién.

Siempre lo admiré por sus conocimientos aunque nunca me cerró su perfil de "nene caca" que prefiere codearse con gente bién antes de visitar los barrios.

Se sabe que le encantan las mujeres mas que el flan con crema. Y tambien, que hubo una historieta hasta el año pasado con una feligresa casada de las primeras filas de las misas del Autonomía...

asimo

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Re: ARIEL ALVAREZ VALDEZ DEJO DE SER CURA

Mensaje  rastrojero el Vie 07 Ago 2009, 11:50

La fe reciclada

La mayoría de los argentinos se declara católica pero defiende hábitos que la Iglesia considera pecados graves. La era de las religiones flexibles.

Por Sebastián Zírpolo

Son católicos los católicos argentinos? Nunca la frontera entre ser y no ser fue tan difusa como ahora. Mientras que una abrumadora mayoría de argentinos se declara católica, su escasa participación en el culto, y peor aún, su disidencia en cuestiones básicas del dogma o las enseñanzas morales, está vaciando de sentido aquella identidad.

No sólo no van a misa. Apoyan el aborto, recurren a curanderos, usan anticonceptivos, piden el fin del celibato de los sacerdotes, exigen educación sexual en las escuelas, bautizan a sus hijos como parte de un rito cultural y no con sentido religioso, aprueban las relaciones sexuales prematrimoniales y el divorcio, y han dejado de comulgar, o lo hacen sin confesarse. Pero, al mismo tiempo, resaltan el rol social de la Iglesia y apoyan su misión entre los pobres, al punto tal de valorarla como la institución de mayor imagen positiva del país. Y creen y dialogan con Dios, sin intermediarios. Viven una religiosidad personal sin culpa, sin dudas y sin cuestionamientos hacia su fe. Sin entrar en crisis con su identidad católica. Son los neo católicos. Un movimiento generado desde las bases que está abriendo una grieta en el seno de la Iglesia. Una tensión invisible, avivada por una fuerte corriente de teologías aperturistas que está también radicalizando el discurso de los sectores más conservadores.

Autonomía. La investigación “Religión y estructura social en la Argentina del siglo XXI”, realizado por el Conicet y dirigida por el sociólogo Fortunato Mallimacci, echa luz sobre este fenómeno. Concluye que “la opinión mayoritaria de la sociedad argentina sobre cuestiones controversiales (aborto, educación sexual en las escuelas, uso de anticonceptivos, sacerdocio de las mujeres), revela la autonomía de conciencia y decisión, y toma distancia de los postulados doctrinarios de las instituciones religiosas”.

Según el sociólogo Juan Cruz Esquivel, profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y coordinador del estudio, parte de las razones de este diagnóstico hay que buscarlas en la individualización y la autonomía de conciencia del individuo. “Se puede creer sin pertenecer, vincularse con lo trascendente sin la mediación de un sacerdote o un pastor. Tener opiniones y actitudes en la vida cotidiana alejadas de los postulados normativos institucionales sin contradicción alguna”, explica.

Católicos callejeros. “No vengo casi nunca” es lo primero que le dice Amadeo (48 años, empleado bancario) a NOTICIAS, a la salida de la iglesia Nuestra Señora de la Merced, en pleno microcentro. Amadeo está bautizado, confirmado y casado por el rito católico. Defiende el aborto, descree de la Iglesia y de los curas. “Pero vino a rezar”, le recuerda este cronista. “Sí, lo hago como forma de acercamiento. No dejo de vivirlo con algo de culpa”, reconoce. En las escalinatas de la Catedral, Rafael Molina Torres, un abogado de 50 años, se reconoce en las conclusiones de la encuesta, pero sin cuestionamientos. “Soy un católico callejero. Y esta es una religión liberal”, se defiende.

Para el padre Jorge Oesterheld, del Episcopado argentino, “mucha gente que forma parte de nuestra comunidad no sigue las enseñanzas morales de la Iglesia, pero eso no le impide seguir siendo católica. Un pecador sigue siendo parte de la Iglesia”.

Noticias: Pero la noción de pecado implica arrepentimiento. Distinto es el desacuerdo con la posición de la Iglesia en temas controversiales ¿Puede alguien ser católico y aprobar el aborto?

Jorge Oesterheld: La Iglesia no lo aprueba porque todo aborto es un crimen, pero no todo el que aborta es un criminal. No siempre se dispone de la libertad y la plena conciencia de lo que implica un aborto.

Noticias: ¿Debería entrar en conflicto con su identidad católica quien usa anticonceptivos?

Oesterheld: Ese es un tema muy distinto, sobre el que hay un montón de posturas dentro de la Iglesia. La jerarquía expone una posición, pero en la práctica es un debate abierto.

Noticias: Cada vez más católicos incorporan creencias de otras religiones o recrean un modo de espiritualidad personal. ¿Qué debería hacer la Iglesia ante esta situación?

Oesterheld: Es un gran desafío explicar más y mejor a nuestros propios miembros las afirmaciones de nuestra fe. Nada se soluciona poniéndolos fuera de la Iglesia. Ingresamos a ella al ser bautizados y excepto que alguien resulte excomulgado o decida apartarse, es miembro de la Iglesia aunque no practique todas sus enseñanzas morales.

Alejandro Frigerio, sociólogo y antropólogo especializado en religiones, asegura que “la gente saca sus creencias religiosas de otro lado, no yendo a misa. Creer que porque alguien se define como católico implica que obedece a la Iglesia es un error”, afirma.

Noticias: ¿Pero no debería ser así? ¿No hay una contradicción entre aquel que se define católico y no lo pone en práctica?

Alejandro Frigerio: Todos tenemos varias identidades que usamos en diferentes aspectos de nuestra vida. El ser católico es una identidad que se usa poco, no hay muchas situaciones en las que uno se identifique como tal. Entonces, si tu identidad es débil, difícilmente entre en conflicto con tus creencias. Eso te puede pasar si sos evangélico, donde si no vas al culto una vez por semana dejás de pertenecer. Pero si sos católico, podés no ir nunca, te alcanza con bautizar a tus hijos o darles la comunión, aunque tampoco todos lo hacen.

Noticias: Pero se siguen identificando como católicos.

Frigerio: Porque en algo creen ¿Si no qué son? ¿New Age? Los que no pertenecen a un grupo formal como umbandistas o evangélicos se identifican como católicos.

Noticias: ¿Y qué significa entonces ser católico?

Frigerio: No significa mucho. Antes había cosas que había que hacer: tomar la comunión, casarte por Iglesia. Era parte del ser argentino, no del ser católico, era lo que había que hacer para ser un ciudadano normal. Eso es lo que se quebró.

Esa ruptura se refleja en las creencias de los católicos a lo largo de su vida. Según revela el estudio del Conicet, la tasa de matrimonios religiosos es muy menor a la tasa de bautizados, con lo cual el alejamiento de la religión implica también abandonar algunos sacramentos que tenían fuerte significado social: el 95% de la población está bautizado, mientras que sólo el 73% se casó o se casará por Iglesia. Y si tomamos en cuenta que el 70,8% deja que sus hijos elijan su religión o creencia, observaremos que el bautismo ha pasado a ser una suerte de rito iniciático, cultural, que no determina la religión del bautizado.

Adentro, afuera. Entonces ¿qué es lo que hay que hacer para no contradecir al dogma? Para Pablo Semán, antropólogo y sociólogo e investigador de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), hay tal dispersión de premios y castigos dentro del catolicismo que cualquier creencia puede acomodarse a la definición de ser católico. “El catolicismo admite por abajo cosas que sanciona por arriba. Es muy exigente de palabra, pero no en los hechos. Entonces siempre hay una manera de quedar adentro”.

Hace unos años, un sacerdote de una barriada muy pobre del conurbano vivió su primer contacto con aquel secularismo callejero. Un día, un grupo de hombres se acercó a la parroquia y le hizo un pedido muy particular: ir a romper una macumba que le habían hecho detrás de uno de los arcos de la cancha donde debían jugar un partido de fútbol esa misma tarde. “Les dije que no había que tenerles miedo a esas cosas. No creían, pero tenían miedo. Y como no se quedaron conformes, terminé yendo a desarmar ese trabajo” recuerda entre risas. Mercedes Cánova de Piacenza tiene 50 años y asiste regularmente a la parroquia de Santa Rita, en Boulogne, en el norte del conurbano bonaerense. “Las reglas no nos impiden ser libres. El catolicismo es la religión de la libertad y la Iglesia es como una madre paciente”, dice.

Es cierto: el catolicismo es inclusivo y toma como manifestaciones de fe desde un sacrificio espiritual, hasta la participación en el culto, pasando por el amor al prójimo o la solidaridad desinteresada. Todo eso junto, o todo eso por partes. En definitiva, es la fe como un tema de libertad de conciencia. Sin embargo, aquella autonomía de pensamiento reflejada en la encuesta del Conicet está mostrando un debilitamiento en la capacidad de la Iglesia de transmitir los valores más intrínsecos de la religión católica.

Por eso es que desde la máxima autoridad se advierte que no se puede vivir una fe individual por fuera de la Iglesia y ser católico al mismo tiempo.

“La fe cristiana es esencialmente eclesial y sin un vínculo vivo con la comunidad, la fe del individuo nunca crecerá hasta la madurez. El resultado puede ser una apostasía silenciosa”. La apostasía es la negación, renuncia o abjuración a la fe en una religión. La frase que marca una incompatibilidad entre la vida no eclesial y la fe, pertenece al Papa Benedicto XVI y fue pronunciada a mediados del 2008 durante un encuentro que mantuvo con obispos católicos en su gira por los Estados Unidos.

Tensión ideológica. En la Iglesia, los neo católicos son un tema de debate tan intenso que es motivo de discusión en todos los encuentros de obispos y autoridades religiosas. “Por un lado, están quienes reconocen la mayor autonomía de conciencia y de decisión de los individuos, y quieren redefinir las estrategias de evangelización. Por otro lado, muchos otros visualizan un deterioro cultural fruto de esa modernidad, y promueven reforzar el mensaje doctrinario invariable”, detalla Esquivel.

Es difícil establecer cuál de las dos posturas tiene más peso dentro de la Iglesia. Si, como dice Esquivel, la tensión es constante, quizás la cara más visible de esa discusión haya sido la elección del Cardenal Joseph Ratzinger como el Papa Benedicto XVI. Aquella asunción equilibró para muchos la balanza hacia los sectores más conservadores de la institución, y dejó a parte de los miembros de la Iglesia, religiosos y laicos, con las ganas de ser dirigidos por una cabeza más a tono con los tiempos modernos: el teólogo alemán es considerado un conservador en materia de derechos individuales para los fieles católicos. Sin embargo, según José María Poirier, director de la tradicional revista Criterio, uno de los hombres que más conoce en la Argentina las internas vaticanas, gran parte del pensamiento posmoderno religioso empezó a verse durante el papado de Juan Pablo II, quien, asegura Poirier, no llegó a entender la profundidad de aquel cambio de mentalidad. “Hubo un quiebre entre la doctrina y la praxis.

Juan Pablo II logró crear una relación de afecto con los fieles, pero no advirtió que se iba instalando una corriente de pensamiento distinta de su criterio, y que su opinión era una más. Ante eso, Benedicto, que además no tiene el carisma de Juan Pablo II, toma posturas muy conservadoras”, define.

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Re: ARIEL ALVAREZ VALDEZ DEJO DE SER CURA

Mensaje  rastrojero el Vie 07 Ago 2009, 12:04

«Tenemos que admitir con realismo y con sentimientos de intenso dolor que hoy los cristianos, en su mayoría, se sienten perdidos, confundidos, perplejos y hasta decepcionados; se difunden abundantemente ideas contrarias a la verdad revelada, que siempre se enseñó; en el campo del dogma y de la moral, se propagan herejías, en sentido amplio y propio de la palabra, suscitando dudas, confusiones y rebeldía; se altera la Liturgia. Sumergidos en un relativismo intelectual y moral y, por lo tanto, en la permisividad, los cristianos son tentados por el ateísmo, por el agnosticismo, por un iluminismo vagamente moral y por un cristianismo sociológico, desprovisto de dogmas definidos o de una moral objetiva».
Papa Juan Pablo II, citado
en L’Osservatore Romano,
7 de febrero de 1981.

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Re: ARIEL ALVAREZ VALDEZ DEJO DE SER CURA

Mensaje  rastrojero el Vie 07 Ago 2009, 12:18

Inteligencia independiente. Algunas reflexiones previas al debate ecuménico

Este título (1) parece constituir una redundancia. Sin embargo, en los tiempos presentes es lo común que las personas tenidas por inteligentes utilicen sus facultades intelectuales con plena sumisión a la corriente de pensamiento dominante, con un perceptible terror a desviarse de lo comúnmente admitido y a causar escándalo. Aún los que pretenden ser audaces, aparentan serlo mediante bravatas en la dirección de la corriente, nunca a contracorriente. Y si alguien se decide a oponerse a ésta, lo hace con mil precauciones, empleando casi siempre una cobertura retórica en la que se diluyen las aristas de las verdades, cuando no estas últimas. De ahí que resulte una redundancia obligada hablar de inteligencia independiente. Es un bien escaso, de casi nula circulación.

El intelectual europeo de hoy está en las antípodas de un G.K. Chesterton, de su olímpico desprecio por los sistemas de pensamiento que imperaban en su tiempo (que son los mismos de la actualidad, sólo que hoy han triunfado plenamente y vivimos sus consecuencias). El materialismo, el ateísmo, el agnosticismo, el cientificismo, el darwinismo, la teosofía, el cristianismo liberal y modernista, el budismo, Nietzsche, Marx, Schopenhauer; contra todo esto y mucho más se enfrentó con extraordinaria bravura, enorme erudición y una poderosísima y penetrante inteligencia.


Lo singular de este personaje es que el desarrollo progresivo de su pensamiento, bajo el empuje de la pasión insobornable por la verdad, le llevó paulatinamente, desde el agnosticismo, a simpatizar primero con la religión católica, como fiel depositaria de la ortodoxia, para terminar, al cabo de cierto tiempo, por decidirse a la conversión pública.


Por todo ello, la obra de Chesterton está más viva que nunca para el laico de pensamiento inconformista e independiente. A los especialistas acaso los leen los especialistas, y así se forma un circuito cerrado, que será muy interesante para dichos especialistas, pero completamente estéril. Y esto, en el supuesto optimista de que estos doctorales trabajos sean ortodoxos, lo cual es mucho conceder. Más frecuente es lo contrario, lo cual, trasladado a la catequesis, ya no es que resulte estéril; simplemente, resulta venenoso.

Al invocar a Chesterton estamos hablando de la antigua ortodoxia cristiana. Todavía hace poco se la oía profesar y defender también a amantes de la verdad como Dawson, Belloc, Peguy, Bloy, Schmaus, le Fort, Donoso, Pradera, Maeztu, d'Ors, etc... Nada que ver con la tisis intelectual que impera en el 'establishment' católico posconciliar.Y mucho menos con un cristianismo sin Iglesia, sin dogmas, sin milagros, sin premio ni castigo, sin infierno, sin Satanás. O con la habitual predicación acobardada, que a lo más que llega es a referirse a un tal Jesús que vivió hace muchos años y que era buenísimo. Frente a la decadencia omnímoda se yergue la clásica religión, que era una religión recia que conviene a los recios y vigoriza a los débiles. No una religión débil que confirma a los débiles en su debilidad y repele a los fuertes.

Pero es preferible referirnos a esa calidad de inteligencia que hoy por hoy significa ante todo Vigilia de la Razón frente al 'pensamiento único', y que, en condiciones sin duda desfavorables y que abrumadoramente señalan en otra dirección, se abre camino, en soledad y fuerza, a través de la maraña de obstáculos, para proyectar al cabo triunfalmente una visión plenamente opuesta a la de curso común, llena de alegría y esplendor, pero, también, de rigor y esfuerzo. Lo contrario del depresivo conformismo, del dejarse llevar, del insípido agnosticismo o las turbias complacencias orientalistas del anonadamiento; situaciones éstas a la que lleva la inteligencia dependiente, sin carácter, que se humilla y se desarbola ante el pensamiento de los más. He ahí el lugar vital del "ecumenismo" típicamente "posconciliar". Frente a ello, esa inteligencia que no ceja es más necesaria hoy que en los tiempos de Chesterton. Pues en aquella época había inquietud intelectual y hoy no. Porque hoy vivimos las consecuencias del triunfo de las tendencias filosóficas nocivas: no el triunfo, sino las consecuencias del triunfo; es decir, el colapso del espíritu.

Por lo mismo, la necesidad del despertar. Y no se puede esperar a que despierten los demás. Esto es cosa de cada uno. Cada uno, contra la corriente. Cada uno con su «no». Y se presenta el problema habitual, como siempre que algún laico se destaca en la expresión de verdades molestas, en denuncias que causan incomodidad, y que, por lo mismo, son consideradas inoportunas por la sociedad apoltronada e inerte y suponen un cierto grado de valor por parte del denunciante, al hacer uso de esa inteligencia independiente a que me refiero y colocarse por fuerza a contra-corriente.


Cierto, en un principio habría de suponerse que la Jerarquía no abogue por un falso ecumenismo, un falso diálogo interreligioso, un falso humanismo y humanitarismo. Está bien, pero ¿cuántas veces se condena en los púlpitos? ¿Se condena alguna vez? Lo habitual en la predicación y el magisterio ordinario es el discurso monocorde, untuoso, descomprometido, reiteradamente benévolo y amoroso, conciliador, adulón y sin sustancia. No hay formulaciones doctrinales, ni apenas morales, y se repite una y otra vez que Dios es muy bueno y nos perdonará a todos. Lo cual no deja de constituir un implícito estímulo a que hagamos lo que nos venga en gana.

Resulta dificil, a poco que se piense en ello, que con esa preparación y ese espíritu se pretenda ni más ni menos que la «nueva evangelización de Europa». ¡Nada menos! Por mi parte, no puedo menos de pensar que una parte del clero, con su tozuda obstinación en ser complaciente, demócrata y progresista, dejando de lado la ortodoxia, está haciendo el mayor de los ridículos, ante Dios y ante los hombres.


Es lícito pensar que, en la defensa de la Tradición con mayúscula, cada vez será más importante el papel del laico independiente y sin prejuicios modernistas. Al estamento sacerdotal siempre le corresponderá, en virtud de su función, un papel singular, pero si no se está a la altura de las circunstancias, su antigua posición influyente, ya enormemente deteriorada, habrá de reducirse aún más si cabe. Pues el laico precavido se ve obligado a hacer a la jeraquía objeto de un serio escrutinio, y si sus palabras están cortadas por el patrón común, lo rechaza. El cardenal, obispo o sacerdote liberal se tendrá que conformar con el grupo de oyentes habitual, carente de capacidad de discernimiento, y al que todas las «las palabras del cura» le suenan igual. Si esa es su modesta aspiración, tiene el triunfo asegurado. Pero, sería oportuno que, en esas circunstancias, no mencionase la nueva evangelización, pues este es un tema de gravedad y peso considerables.

El cristianismo triunfaba con la ortodoxia antigua; y se ha desmoronado con el progresismo moderno. ¿Qué tozudez diabólica obliga a muchos a no ver la correlación de causa y efecto? Estos son tiempos de reacción o aniquilamiento espiritual. Tiempos en que cobran especial significación las últimas palabras de Chesterton pocas horas antes de morir, en 1936: «A un lado está la luz... y al otro, las tinieblas. Y uno tiene que elegir...».

Para concluir estas consideraciones preliminares, conviene advertir al lector que sería difícil definir escuetamente los objetivos de esta crítica a la ideología "ecumenista". Sin lugar a duda, no es fruto de unas desaforadas ganas de ir contra-corriente, porque o sería soberbia, nunca se sabe, o al menos signo del más inutil suicidio intelectual, dada la inquisición imperante, ciertamente anticatólica -incluso cuando proceda de católicos-, y ciertamente más feroz que la que hubo en la Cristiandad desde las guerras cátaras hasta hace poco. Creo que acertaría el que lo definiese en términos de 'guerrillero cristiano', aunque sería más propio el de 'caballero' cristiano, porque los caballeros luchan por la verdad y el bien, son 'milites Christi', noción prácticamente desaparecida del discurso católico actual entregado a un falso pacifismo, consecuencia de las confusiones modernistas. En definitiva, fortalecido por esta actitud militante, lo que interesa ante todo es pensar más allá de los estereotipos al uso..., por amor a la Verdad.



El "diálogo": constante humillación de la verdad católica.

El "diálogo ecuménico" con los denominados "hermanos separados", es decir, con herejes y cismáticos de toda condición (y con los adeptos de casi todas las "religiones"), ha sido ensalzado por buena parte de la jerarquía actual como una de las conquistas más importantes del Vaticano II.

Con la adopción del "diálogo", esa parte de la jerarquía da a entender que dio lugar a un cambio de dirección verdadero y propio: ¡no más "anatemas", sino comprensión, apertura, diálogo! Dijo y sigue diciendo: "es menester volver a la unidad de los cristianos en la recíproca comprensión; por eso dialogamos en el respeto recíproco". Y como premisa necesaria para el "diálogo", una parte de la jerarquía afirma que no quiere efectuar ya proselitismo alguno, que ya no quiere afanarse por convertir las almas al Catolicismo. El predicador católico puede desaparecer, sustituido por el conferenciante con alzacuellos, por el lenguaje progresista, por los "distingos" tortuosos, por la teología incierta. Para todos está clarísimo ahora que una parte de la jerarquía católica actual no busca, como sería su deber, la vuelta de herejes y cismáticos al redil de la Santa Madre Iglesia, del cual se mantienen alejados tras haberse escapado de él, combatiéndolo de todas las maneras posibles, por culpa de ellos, por su desenfrenado orgullo: non enim nos ab illis, sed illi a nobis recesserunt ("pues no nos separamos nosotros de ellos, sino ellos de nosotros", San Cipriano, De Unit. Eccles.).

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Mensaje  Mistol el Vie 07 Ago 2009, 17:31

No tengo animo de disputas, pero creo que no se debe opinar de lo que no se conoce, y por lo que lei que expusiste en el foro,yo ya me doy cuenta que del tema no tienes ni idea. Ariel no expone lo que él opina, él estudio en universidades autorizadas por la Iglesia, y opina en base a lo estudiado, es por eso que recibió todo el apoyo de la mayoria de los teologos del mundo y es considerado uno de los mayores biblistas del mundo. Sino pone su nombre en un buscador y te darás cuenta que el no dice lo que interpreta, dice lo que estudió. Fué y es censurado por una rama de la Iglesia, que prefiere dirigirse a todos nosotros como si seriamos niños, diciendo que Adan y Eva eran personas que existieron realmente, o decirnos que el arca de Noe era un barco enorme en el que entraron todas las especies de animales, y otras barbaridades como que el sufrimiento nos redime. Por favor!!! Piense un poco!

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Re: ARIEL ALVAREZ VALDEZ DEJO DE SER CURA

Mensaje  rastrojero el Vie 07 Ago 2009, 18:15

Ya me parecía que ese tal Juan Pablo II debiò consultarle antes a Ariel, cuestiòn de no escribir y mandar a publicar burradas como estas.-----------------------------------------------------------------


CARTA APOSTÓLICA SALVIFICI DOLORIS DEL SUMO PONTÍFICEJUAN PABLO II A LOS OBISPOS, SACERDOTES, FAMILIAS RELIGIOSAS Y FIELES DE LA IGLESIA CATÓLICA SOBRE EL SENTIDO CRISTIANO DEL SUFRIMIENTO HUMANO



Venerables Hermanos en el episcopado,
queridos hermanos y hermanas en Cristo:


I
INTRODUCCIÓN


1. « Suplo en mi carne —dice el apóstol Pablo, indicando el valor salvífico del sufrimiento— lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia ».(1)

Estas palabras parecen encontrarse al final del largo camino por el que discurre el sufrimiento presente en la historia del hombre e iluminado por la palabra de Dios. Ellas tienen el valor casi de un descubrimiento definitivo que va acompañado de alegría; por ello el Apóstol escribe: « Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros ».(2) La alegría deriva del descubrimiento del sentido del sufrimiento; tal descubrimiento, aunque participa en él de modo personalísimo Pablo de Tarso que escribe estas palabras, es a la vez válido para los demás. El Apóstol comunica el propio descubrimiento y goza por todos aquellos a quienes puede ayudar —como le ayudó a él mismo— a penetrar en el sentido salvífico del sufrimiento.

2. El tema del sufrimiento —precisamente bajo el aspecto de este sentido salvífico— parece estar profundamente inserto en el contexto del Año de la Redención como Jubileo extraordinario de la Iglesia; también esta circunstancia depone directamente en favor de la atención que debe prestarse a ello precisamente durante este período. Con independencia de este hecho, es un tema universal que acompaña al hombre a lo largo y ancho de la geografía. En cierto sentido coexiste con él en el mundo y por ello hay que volver sobre él constantemente. Aunque San Pablo ha escrito en la carta a los Romanos que « la creación entera hasta ahora gime y siente dolores de parto »;(3) aunque el hombre conoce bien y tiene presentes los sufrimientos del mundo animal, sin embargo lo que expresamos con la palabra « sufrimiento » parece ser particularmente esencial a la naturaleza del hombre. Ello es tan profundo como el hombre, precisamente porque manifiesta a su manera la profundidad propia del hombre y de algún modo la supera. El sufrimiento parece pertenecer a la trascendencia del hombre; es uno de esos puntos en los que el hombre está en cierto sentido « destinado » a superarse a sí mismo, y de manera misteriosa es llamado a hacerlo.

3. Si el tema del sufrimiento debe ser afrontado de manera particular en el contexto del Año de la Redención, esto sucede ante todo porque la redención se ha realizado mediante la cruz de Cristo, o sea mediante su sufrimiento. Y al mismo tiempo, en el Año de la Redención pensamos de nuevo en la verdad expresada en la Encíclica Redemptor hominis: en Cristo « cada hombre se convierte en camino de la Iglesia ».(4) Se puede decir que el hombre se convierte de modo particular en camino de la Iglesia, cuando en su vida entra el sufrimiento.

Esto sucede, como es sabido, en diversos momentos de la vida; se realiza de maneras diferentes; asume dimensiones diversas; sin embargo, de una forma o de otra, el sufrimiento parece ser, y lo es, casi inseparable de la existencia terrena del hombre.

Dado pues que el hombre, a través de su vida terrena, camino en un modo o en otro por el camino del sufrimiento, la Iglesia debería —en todo tiempo, y quizá especialmente en el Año de la Redención— encontrarse con el hombre precisamente en este camino. La Iglesia, que nace del misterio de la redención en la cruz de Cristo, está obligada a buscar el encuentro con el hombre, de modo particular en el camino de su sufrimiento. En tal encuentro el hombre « se convierte en el camino de la Iglesia », y es este uno de los caminos más importantes.

4. De aquí deriva también esta reflexión, precisamente en el Año de la Redención: la reflexión sobre el sufrimiento. El sufrimiento humano suscita compasión, suscita también respeto, y a su manera atemoriza. En efecto, en él está contenida la grandeza de un misterio específico.

Este particular respeto por todo sufrimiento humano debe ser puesto al principio de cuanto será expuesto a continuación desde la más profunda necesidad del corazón, y también desde el profundo imperativo de la fe. En el tema del sufrimiento, estos dos motivos parecen acercarse particularmente y unirse entre sí: la necesidad del corazón nos manda vencer la timidez, y el imperativo de la fe —formulado, por ejemplo, en las palabras de San Pablo recordadas al principio— brinda el contenido, en nombre y en virtud del cual osamos tocar lo que parece en todo hombre algo tan intangible; porque el hombre, en su sufrimiento, es un misterio intangible.

II EL MUNDO DEL SUFRIMIENTO HUMANO

5. Aunque en su dimensión subjetiva, como hecho personal, encerrado en el concreto e irrepetible interior del hombre, el sufrimiento parece casi inefable e intransferible, quizá al mismo tiempo ninguna otra cosa exige —en su « realidad objetiva »— ser tratada, meditada, concebida en la forma de un explícito problema; y exige que en torno a él hagan preguntas de fondo y se busquen respuestas. Como se ve, no se trata aquí solamente de dar una descripción del sufrimiento. Hay otros criterios, que van más allá de la esfera de la descripción y que hemos de tener en cuenta, cuando queremos penetrar en el mundo del sufrimiento humano.

Puede ser que la medicina, en cuanto ciencia y a la vez arte de curar, descubra en el vasto terreno del sufrimiento del hombre el sector más conocido, el identificado con mayor precisión y relativamente más compensado por los métodos del « reaccionar » (es decir, de la terapéutica). Sin embargo, éste es sólo un sector. El terreno del sufrimiento humano es mucho más vasto, mucho más variado y pluridimensional. El hombre sufre de modos diversos, no siempre considerados por la medicina, ni siquiera en sus más avanzadas ramificaciones. El sufrimiento es algo todavía más amplio que la enfermedad, más complejo y a la vez aún más profundamente enraizado en la humanidad misma. Una cierta idea de este problema nos viene de la distinción entre sufrimiento físico y sufrimiento moral. Esta distinción toma como fundamento la doble dimensión del ser humano, e indica el elemento corporal y espiritual como el inmediato o directo sujeto del sufrimiento. Aunque se puedan usar como sinónimos, hasta un cierto punto, las palabras « sufrimiento » y « dolor », el sufrimiento físico se da cuando de cualquier manera « duele el cuerpo », mientras que el sufrimiento moral es « dolor del alma ». Se trata, en efecto, del dolor de tipo espiritual, y no sólo de la dimensión « psíquica » del dolor que acompaña tanto el sufrimiento moral como el físico. La extensión y la multiformidad del sufrimiento moral no son ciertamente menores que las del físico; pero a la vez aquél aparece como menos identificado y menos alcanzable por la terapéutica.

6. La Sagrada Escritura es un gran libro sobre el sufrimiento. De los libros del Antiguo Testamento mencionaremos sólo algunos ejemplos de situaciones que llevan el signo del sufrimiento, ante todo moral: el peligro de muerte,(5) la muerte de los propios hijos,(6) y especialmente la muerte del hijo primogénito y único.(7) También la falta de prole,(Cool la nostalgia de la patria,(9) la persecución y hostilidad del ambiente,(10) el escarnio y la irrisión hacia quien sufre,(11) la soledad y el abandono.(12) Y otros más, como el remordimiento de conciencia,(13) la dificultad en comprender por qué los malos prosperan y los justos sufren,(14) la infidelidad e ingratitud por parte de amigos y vecinos,(15) las desventuras de la propia nación.(l6)

El Antiguo Testamento, tratando al hombre como un « conjunto » psicofísico, une con frecuencia los sufrimientos « morales » con el dolor de determinadas partes del organismo: de los huesos,(17) de los riñones,(18) del hígado,(19) de las vísceras,(20) del corazón.(21) En efecto, no se puede negar que los sufrimientos morales tienen también una parte « física » o somática, y que con frecuencia se reflejan en el estado general del organismo.

7. Como se ve a través de los ejemplos aducidos, en la Sagrada Escritura encontramos un vasto elenco de situaciones dolorosas para el hombre por diversos motivos. Este elenco diversificado no agota ciertamente todo lo que sobre el sufrimiento ha dicho ya y repite constantemente el libro de la historia del hombre (éste es más bien un «libro no escrito»), y más todavía el libro de la historia de la humanidad, leído a través de la historia de cada hombre.

Se puede decir que el hombre sufre, cuando experimenta cualquier mal. En el vocabulario del Antiguo Testamento, la relación entre sufrimiento y mal se pone en evidencia como identidad. Aquel vocabulario, en efecto, no poseía una palabra específica para indicar el «sufrimiento»; por ello definía como «mal» todo aquello que era sufrimiento.(22) Solamente la lengua griega y con ella el Nuevo Testamento (y las versiones griegas del Antiguo) se sirven del verbo «pascho estoy afectado por..., experimento una sensación, sufro», y gracias a él el sufrimiento no es directamente identificable con el mal (objetivo), sino que expresa una situación en la que el hombre prueba el mal, y probándolo, se hace sujeto de sufrimiento. Este, en verdad, tiene a la vez carácter activo y pasivo (de « patior »). Incluso cuando el hombre se procura por sí mismo un sufrimiento, cuando es el autor del mismo, ese sufrimiento queda como algo pasivo en su esencia metafísica.

Sin embargo, esto no quiere decir que el sufrimiento en sentido psicológico no esté marcado por una « actividad » específica. Esta es, efectivamente, aquella múltiple y subjetivamente diferenciada « actividad » de dolor, de tristeza, de desilusión, de abatimiento o hasta de desesperación, según la intensidad del sufrimiento, de su profundidad o indirectamente según toda la estructura del sujeto que sufre y de su específica sensibilidad. Dentro de lo que constituye la forma psicológica del sufrimiento, se halla siempre una experiencia de mal, a causa del cual el hombre sufre.

Así pues, la realidad del sufrimiento pone una pregunta sobre la esencia del mal: ¿qué es el mal?

Esta pregunta parece inseparable, en cierto sentido, del tema del sufrimiento. La respuesta cristiana a esa pregunta es distinta de la que dan algunas tradiciones culturales y religiosas, que creen que la existencia es un mal del cual hay que liberarse. El cristianismo proclama el esencial bien de la existencia y el bien de lo que existe, profesa la bondad del Creador y proclama el bien de las criaturas. El hombre sufre a causa del mal, que es una cierta falta, limitación o distorsión del bien. Se podría decir que el hombre sufre a causa de un bien del que él no participa, del cual es en cierto modo excluido o del que él mismo se ha privado.

Sufre en particular cuando « debería » tener parte —en circunstancias normales— en este bien y no lo tiene.

Así pues, en el concepto cristiano la realidad del sufrimiento se explica por medio del mal que está siempre referido, de algún modo, a un bien.

8. El sufrimiento humano constituye en sí mismo casi un específico « mundo » que existe junto con el hombre, que aparece en él y pasa, o a veces no pasa, pero se consolida y se profundiza en él. Este mundo del sufrimiento, dividido en muchos y muy numerosos sujetos, existe casi en la dispersión. Cada hombre, mediante su sufrimiento personal, constituye no sólo una pequeña parte de ese « mundo », sino que a la vez aquel « mundo » está en él como una entidad finita e irrepetible. Unida a ello está, sin embargo, la dimensión interpersonal y social. El mundo del sufrimiento posee como una cierta compactibilidad propia. Los hombres que sufren se hacen semejantes entre sí a través de la analogía de la situación, la prueba del destino o mediante la necesidad de comprensión y atenciones; quizá sobre todo mediante la persistente pregunta acerca del sentido de tal situación. Por ello, aunque el mundo del sufrimiento exista en la dispersión, al mismo tiempo contiene en sí un singular desafío a la comunión y la solidaridad. Trataremos de seguir también esa llamada en estas reflexiones.

Pensando en el mundo del sufrimiento en su sentido personal y a la vez colectivo, no es posible, finalmente, dejar de notar que tal mundo, en algunos períodos de tiempo y en algunos espacios de la existencia humana, parece que se hace particularmente denso. Esto sucede, por ejemplo, en casos de calamidades naturales, de epidemias, de catástrofes y cataclismos o de diversos flagelos sociales. Pensemos, por ejemplo, en el caso de una mala cosecha y, como consecuencia del mismo —o de otras diversas causas—, en el drama del hambre.

Pensemos, finalmente, en la guerra. Hablo de ella de modo especial. Habla de las dos últimas guerras mundiales, de las que la segunda ha traído consigo un cúmulo todavía mayor de muerte y un pesado acervo de sufrimientos humanos. A su vez, la segunda mitad de nuestro siglo —como en proporción con los errores y trasgresiones de nuestra civilización contemporánea— lleva en sí una amenaza tan horrible de guerra nuclear, que no podemos pensar en este período sino en términos de un incomparable acumularse de sufrimientos, hasta llegar a la posible autodestrucción de la humanidad. De esta manera ese mundo de sufrimiento, que en definitiva tiene su sujeto en cada hombre, parece transformarse en nuestra época —quizá más que en cualquier otro momento— en un particular « sufrimiento del mundo »; del mundo que ha sido transformado, como nunca antes, por el progreso realizado por el hombre y que, a la vez, está en peligro más que nunca, a causa de los errores y culpas del hombre.

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Re: ARIEL ALVAREZ VALDEZ DEJO DE SER CURA

Mensaje  rastrojero el Vie 07 Ago 2009, 18:19

III A LA BÚSQUEDA DE UNA RESPUESTA
A LA PREGUNTA SOBRE EL SENTIDO
DEL SUFRIMIENTO


9. Dentro de cada sufrimiento experimentado por el hombre, y también en lo profundo del mundo del sufrimiento, aparece inevitablemente la pregunta: ¿por qué? Es una pregunta acerca de la causa, la razón; una pregunta acerca de la finalidad (para qué); en definitiva, acerca del sentido. Esta no sólo acompaña el sufrimiento humano, sino que parece determinar incluso el contenido humano, eso por lo que el sufrimiento es propiamente sufrimiento humano.

Obviamente el dolor, sobre todo el físico, está ampliamente difundido en el mundo de los animales. Pero solamente el hombre, cuando sufre, sabe que sufre y se pregunta por qué; y sufre de manera humanamente aún más profunda, si no encuentra una respuesta satisfactoria. Esta es una pregunta difícil, como lo es otra, muy afín, es decir, la que se refiere al mal: ¿Por qué el mal? ¿Por qué el mal en el mundo? Cuando ponemos la pregunta de esta manera, hacemos siempre, al menos en cierta medida, una pregunta también sobre el sufrimiento.

Ambas preguntas son difíciles cuando las hace el hombre al hombre, los hombres a los hombres, como también cuando el hombre las hace a Dios. En efecto, el hombre no hace esta pregunta al mundo, aunque muchas veces el sufrimiento provenga de él, sino que la hace a Dios como Creador y Señor del mundo.

Y es bien sabido que en la línea de esta pregunta se llega no sólo a múltiples frustraciones y conflictos en la relación del hombre con Dios, sino que sucede incluso que se llega a la negación misma de Dios. En efecto, si la existencia del mundo abre casi la mirada del alma humana a la existencia de Dios, a su sabiduría, poder y magnificencia, el mal y el sufrimiento parecen ofuscar esta imagen, a veces de modo radical, tanto más en el drama diario de tantos sufrimientos sin culpa y de tantas culpas sin una adecuada pena. Por ello, esta circunstancia —tal vez más aún que cualquier otra— indica cuán importante es la pregunta sobre el sentido del sufrimiento y con qué agudeza es preciso tratar tanto la pregunta misma como las posibles respuestas a dar.

10. El hombre puede dirigir tal pregunta a Dios con toda la conmoción de su corazón y con la mente llena de asombro y de inquietud; Dios espera la pregunta y la escucha, como podemos ver en la Revelación del Antiguo Testamento. En el libro de Job la pregunta ha encontrado su expresión más viva.

Es conocida la historia de este hombre justo, que sin ninguna culpa propia es probado por innumerables sufrimientos. Pierde sus bienes, los hijos e hijas, y finalmente él mismo padece una grave enfermedad. En esta horrible situación se presentan en su casa tres viejos amigos, los cuales —cada uno con palabras distintas— tratan de convencerlo de que, habiendo sido afectado por tantos y tan terribles sufrimientos, debe haber cometido alguna culpa grave. En efecto, el sufrimiento —dicen— se abate siempre sobre el hombre como pena por el reato; es mandado por Dios que es absolutamente justo y encuentra la propia motivación en la justicia. Se diría que los viejos amigos de Job quieren no sólo convencerlo de la justificación moral del mal, sino que, en cierto sentido, tratan de defender el sentido moral del sufrimiento ante sí mismos. El sufrimiento, para ellos, puede tener sentido exclusivamente como pena por el pecado y, por tanto, sólo en el campo de la justicia de Dios, que paga bien con bien y mal con mal.

Su punto de referencia en este caso es la doctrina expresada en otros libros del Antiguo Testamento, que nos muestran el sufrimiento como pena infligida por Dios a causa del pecado de los hombres. El Dios de la Revelación es Legislador y Juez en una medida tal que ninguna autoridad temporal puede hacerlo. El Dios de la Revelación, en efecto, es ante todo el Creador, de quien, junto con la existencia, proviene el bien esencial de la creación. Por tanto, también la violación consciente y libre de este bien por parte del hombre es no sólo una transgresión de la ley, sino, a la vez, una ofensa al Creador, que es el Primer Legislador. Tal transgresión tiene carácter de pecado, según el sentido exacto, es decir, bíblico y teológico de esta palabra. Al mal moral del pecado corresponde el castigo, que garantiza el orden moral en el mismo sentido trascendente, en el que este orden es establecido por la voluntad del Creador y Supremo Legislador. De ahí deriva también una de las verdades fundamentales de la fe religiosa, basada asimismo en la Revelación: o sea que Dios es un juez justo, que premia el bien y castiga el mal: « (Señor) eres justo en cuanto has hecho con nosotros, y todas tus obras son verdad, y rectos tus caminos, y justos todos tus juicios. Y has juzgado con justicia en todos tus juicios, en todo lo que has traído sobre nosotros ... con juicio justo has traído todos estos males a causa de nuestros pecados ».(23)

En la opinión manifestada por los amigos de Job, se expresa una convicción que se encuentra también en la conciencia moral de la humanidad: el orden moral objetivo requiere una pena por la transgresión, por el pecado y por el reato. El sufrimiento aparece, bajo este punto de vista, como un « mal justificado ». La convicción de quienes explican el sufrimiento como castigo del pecado, halla su apoyo en el orden de la justicia, y corresponde con la opinión expresada por uno de los amigos de Job: « Por lo que siempre vi, los que aran la iniquidad y siembran la desventura, la cosechan ».(24)

11. Job, sin embargo, contesta la verdad del principio que identifica el sufrimiento con el castigo del pecado y lo hace en base a su propia experiencia. En efecto, él es consciente de no haber merecido tal castigo, más aún, expone el bien que ha hecho a lo largo de su vida. Al final Dios mismo reprocha a los amigos de Job por sus acusaciones y reconoce que Job no es culpable. El suyo es el sufrimiento de un inocente; debe ser aceptado como un misterio que el hombre no puede comprender a fondo con su inteligencia.

El libro de Job no desvirtúa las bases del orden moral trascendente, fundado en la justicia, como las propone toda la Revelación en la Antigua y en la Nueva Alianza. Pero, a la vez, el libro demuestra con toda claridad que los principios de este orden no se pueden aplicar de manera exclusiva y superficial. Si es verdad que el sufrimiento tiene un sentido como castigo cuando está unido a la culpa, no es verdad, por el contrario, que todo sufrimiento sea consecuencia de la culpa y tenga carácter de castigo. La figura del justo Job es una prueba elocuente en el Antiguo Testamento. La Revelación, palabra de Dios mismo, pone con toda claridad el problema del sufrimiento del hombre inocente: el sufrimiento sin culpa. Job no ha sido castigado, no había razón para infligirle una pena, aunque haya sido sometido a una prueba durísima. En la introducción del libro aparece que Dios permitió esta prueba por provocación de Satanás. Este, en efecto, puso en duda ante el Señor la justicia de Job: « ¿Acaso teme Job a Dios en balde?... Has bendecido el trabajo de sus manos, y sus ganados se esparcen por el país. Pero extiende tu mano y tócalo en lo suyo, (veremos) si no te maldice en tu rostro ».(25) Si el Señor consiente en probar a Job con el sufrimiento, lo hace para demostrar su justicia. El sufrimiento tiene carácter de prueba.

El libro de Job no es la última palabra de la Revelación sobre este tema. En cierto modo es un anuncio de la pasión de Cristo. Pero ya en sí mismo es un argumento suficiente para que la respuesta a la pregunta sobre el sentido del sufrimiento no esté unida sin reservas al orden moral, basado sólo en la justicia. Si tal respuesta tiene una fundamental y transcendente razón y validez, a la vez se presenta no sólo como insatisfactoria en casos semejantes al del sufrimiento del justo Job, sino que más bien parece rebajar y empobrecer el concepto de justicia, que encontramos en la Revelación.

12. El libro de Job pone de modo perspicaz el « por qué » del sufrimiento; muestra también que éste alcanza al inocente, pero no da todavía la solución al problema.

Ya en el Antiguo Testamento notamos una orientación que tiende a superar el concepto según el cual el sufrimiento tiene sentido únicamente como castigo por el pecado, en cuanto se subraya a la vez el valor educativo de la pena sufrimiento. Así pues, en los sufrimientos infligidos por Dios al Pueblo elegido está presente una invitación de su misericordia, la cual corrige para llevar a la conversión: « Los castigos no vienen para la destrucción sino para la corrección de nuestro pueblo ».(26)

Así se afirma la dimensión personal de la pena. Según esta dimensión, la pena tiene sentido no sólo porque sirve para pagar el mismo mal objetivo de la transgresión con otro mal, sino ante todo porque crea la posibilidad de reconstruir el bien en el mismo sujeto que sufre.

Este es un aspecto importantísimo del sufrimiento. Está arraigado profundamente en toda la Revelación de la Antigua y, sobre todo, de la Nueva Alianza. El sufrimiento debe servir para la conversión, es decir, para la reconstrucción del bien en el sujeto, que puede reconocer la misericordia divina en esta llamada a la penitencia. La penitencia tiene como finalidad superar el mal, que bajo diversas formas está latente en el hombre, y consolidar el bien tanto en uno mismo como en su relación con los demás y, sobre todo, con Dios.

13. Pero para poder percibir la verdadera respuesta al « por qué » del sufrimiento, tenemos que volver nuestra mirada a la revelación del amor divino, fuente última del sentido de todo lo existente. El amor es también la fuente más rica sobre el sentido del sufrimiento, que es siempre un misterio; somos conscientes de la insuficiencia e inadecuación de nuestras explicaciones. Cristo nos hace entrar en el misterio y nos hace descubrir el « por qué » del sufrimiento, en cuanto somos capaces de comprender la sublimidad del amor divino.

Para hallar el sentido profundo del sufrimiento, siguiendo la Palabra revelada de Dios, hay que abrirse ampliamento al sujeto humano en sús múltiples potencialidades, sobre todo, hay que acoger la luz de la Revelación, no sólo en cuanto expresa el orden transcendente de la justicia, sino en cuanto ilumina este orden con el Amor como fuente definitiva de todo lo que existe. El Amor es también la fuente más plena de la respuesta a la pregunta sobre el sentido del sufrimiento. Esta pregunta ha sido dada por Dios al hombre en la cruz de Jesucristo.

rastrojero

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Re: ARIEL ALVAREZ VALDEZ DEJO DE SER CURA

Mensaje  rastrojero el Vie 07 Ago 2009, 18:22

IV JESUCRISTO: EL SUFRIMIENTO VENCIDO POR EL AMOR

14. « Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna ».(27) Estas palabras, pronunciadas por Cristo en el coloquio con Nicodemo, nos introducen al centro mismo de la acción salvífica de Dios. Ellas manifiestan también la esencia misma de la soterología cristiana, es decir, de la teología de la salvación. Salvación significa liberación del mal, y por ello está en estrecha relación con el problema del sufrimiento. Según las palabras dirigidas a Nicodemo, Dios da su Hijo al « mundo » para librar al hombre del mal, que lleva en sí la definitiva y absoluta perspectiva del sufrimiento. Contemporáneamente, la misma palabra « da » (« dio ») indica que esta liberación debe ser realizada por el Hijo unigénito mediante su propio sufrimiento. Y en ello se manifiesta el amor, el amor infinito, tanto de ese Hijo unigénito como del Padre, que por eso « da » a su Hijo. Este es el amor hacia el hombre, el amor por el « mundo »: el amor salvífico.

Nos encontramos aquí —hay que darse cuenta claramente en nuestra reflexión común sobre este problema— ante una dimensión completamente nueva de nuestro tema. Es una dimensión diversa de la que determinaba y en cierto sentido encerraba la búsqueda del significado del sufrimiento dentro de los límites de la justicia. Esta es la dimensión de la redención, a la que en el Antiguo Testamento ya parecían ser un preludio las palabras del justo Job, al menos según la Vulgata: « Porque yo sé que mi Redentor vive, y al fin... yo veré a Dios ».(28) Mientras hasta ahora nuestra consideración se ha concentrado ante todo, y en cierto modo exclusivamente, en el sufrimiento en su múltiple dimensión temporal, (como sucedía igualmente con los sufrimientos del justo Job), las palabras antes citadas del coloquio de Jesús con Nicodemo se refieren al sufrimiento en su sentido fundamental y definitivo. Dios da su Hijo unigénito, para que el hombre « no muera »; y el significado del « no muera » está precisado claramente en las palabras que siguen: « sino que tenga la vida eterna ».

El hombre « muere », cuando pierde « la vida eterna ». Lo contrario de la salvación no es, pues, solamente el sufrimiento temporal, cualquier sufrimiento, sino el sufrimiento definitivo: la pérdida de la vida eterna, el ser rechazados por Dios, la condenación. El Hijo unigénito ha sido dado a la humanidad para proteger al hombre, ante todo, de este mal definitivo y del sufrimiento definitivo. En su misión salvífica Él debe, por tanto, tocar el mal en sus mismas raíces transcendentales, en las que éste se desarrolla en la historia del hombre. Estas raíces transcendentales del mal están fijadas en el pecado y en la muerte: en efecto, éstas se encuentran en la base de la pérdida de la vida eterna. La misión del Hijo unigénito consiste en vencer el pecado y la muerte. Él vence el pecado con su obediencia hasta la muerte, y vence la muerte con su resurrección.

15. Cuando se dice que Cristo con su misión toca el mal en sus mismas raíces, nosotros pensamos no sólo en el mal y el sufrimiento definitivo, escatológico (para que el hombre « no muera, sino que tenga la vida eterna »), sino también —al menos indirectamente— en el mal y el sufrimiento en su dimensión temporal e histórica. El mal, en efecto, está vinculado al pecado y a la muerte. Y aunque se debe juzgar con gran cautela el sufrimiento del hombre como consecuencia de pecados concretos (esto indica precisamente el ejemplo del justo Job), sin embargo, éste no puede separarse del pecado de origen, de lo que en San Juan se llama « el pecado del mundo»,(29) del trasfondo pecaminoso de las acciones personales y de los procesos sociales en la historia del hombre. Si no es lícito aplicar aquí el criterio restringido de la dependencia directa (como hacían los tres amigos de Job), sin embargo no se puede ni siquiera renunciar al criterio de que, en la base de los sufrimientos humanos, hay una implicación múltiple con el pecado.

De modo parecido sucede cuando se trata de la muerte. Esta muchas veces es esperada incluso como una liberación de los sufrimientos de esta vida. Al mismo tiempo, no es posible dejar de reconocer que ella constituye casi una síntesis definitiva de la acción destructora tanto en el organismo corpóreo como en la psique. Pero ante todo la muerte comporta la disociación de toda la personalidad psicofísica del hombre. El alma sobrevive y subsiste separada del cuerpo, mientras el cuerpo es sometido a una gradual descomposición según las palabras del Señor Dios, pronunciadas después del pecado cometido por el hombre al comienzo de su historia terrena: « Polvo eres, y al polvo volverás ».(30) Aunque la muerte no es pues un sufrimiento en el sentido temporal de la palabra, aunque en un cierto modo se encuentra más allá de todos los sufrimientos, el mal que el ser humano experimenta contemporáneamente con ella, tiene un carácter definitivo y totalizante. Con su obra salvífica el Hijo unigénito libera al hombre del pecado y de la muerte. Ante todo Él borra de la historia del hombre el dominio del pecado, que se ha radicado bajo la influencia del espíritu maligno, partiendo del pecado original, y da luego al hombre la posibilidad de vivir en la gracia santificante. En línea con la victoria sobre el pecado, Él quita también el dominio de la muerte, abriendo con su resurrección el camino a la futura resurrección de los cuerpos. Una y otra son condiciones esenciales de la « vida eterna », es decir, de la felicidad definitiva del hombre en unión con Dios; esto quiere decir, para los salvados, que en la perspectiva escatológica el sufrimiento es totalmente cancelado.

Como resultado de la obra salvífica de Cristo, el hombre existe sobre la tierra con la esperanza de la vida y de la santidad eternas. Y aunque la victoria sobre el pecado y la muerte, conseguida por Cristo con su cruz y resurrección no suprime los sufrimientos temporales de la vida humana, ni libera del sufrimiento toda la dimensión histórica de la existencia humana, sin embargo, sobre toda esa dimensión y sobre cada sufrimiento esta victoria proyecta una luz nueva, que es la luz de la salvación. Es la luz del Evangelio, es decir, de la Buena Nueva. En el centro de esta luz se encuentra la verdad propuesta en el coloquio con Nicodemo: « Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo ».(31) Esta verdad cambia radicalmente el cuadro de la historia del hombre y su situación terrena. A pesar del pecado que se ha enraizado en esta historia como herencia original, como « pecado del mundo » y como suma de los pecados personales, Dios Padre ha amado a su Hijo unigénito, es decir, lo ama de manera duradera; y luego, precisamente por este amor que supera todo, Él « entrega » este Hijo, a fin de que toque las raíces mismas del mal humano y así se aproxime de manera salvífica al mundo entero del sufrimiento, del que el hombre es partícipe.

16. En su actividad mesiánica en medio de Israel, Cristo se acercó incesantemente al mundo del sufrimiento humano. «Pasó haciendo bien »,(32) y este obrar suyo se dirigía, ante todo, a los enfermos y a quienes esperaban ayuda. Curaba los enfermos, consolaba a los afligidos, alimentaba a los hambrientos, liberaba a los hombres de la sordera, de la ceguera, de la lepra, del demonio y de diversas disminuciones físicas; tres veces devolvió la vida a los muertos. Era sensible a todo sufrimiento humano, tanto al del cuerpo como al del alma. Al mismo tiempo instruía, poniendo en el centro de su enseñanza las ocho bienaventuranzas, que son dirigidas a los hombres probados por diversos sufrimientos en su vida temporal. Estos son los « pobres de espíritu », « los que lloran », « los que tienen hambre y sed de justicia », « los que padecen persecución por la justicia », cuando los insultan, los persiguen y, con mentira, dicen contra ellos todo género de mal por Cristo...(33) Así según Mateo. Lucas menciona explícitamente a los que ahora padecen hambre.(34)

De todos modos Cristo se acercó sobre todo al mundo del sufrimiento humano por el hecho de haber asumido este sufrimiento en sí mismo.

Durante su actividad pública probó no sólo la fatiga, la falta de una casa, la incomprensión incluso por parte de los más cercanos; pero sobre todo fue rodeado cada vez más herméticamente por un círculo de hostilidad y se hicieron cada vez más palpables los preparativos para quitarlo de entre los vivos. Cristo era consciente de esto y muchas veces hablaba a sus discípulos de los sufrimientos y de la muerte que le esperaban: « Subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas, que lo condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, y se burlarán de Él y le escupirán, y le azotarán y le darán muerte, pero a los tres dias resucitará ».(35) Cristo va hacia su pasión y muerte con toda la conciencia de la misión que ha de realizar de este modo. Precisamente por medio de este sufrimiento suyo hace posible « que eI hombre no muera, sino que tenga la vida eterna ». Precisamente por medio de su cruz debe tocar las raíces del mal, plantadas en la historia del hombre y en las almas humanas. Precisamente por medio de su cruz debe cumplir la obra de la salvación. Esta obra, en el designio del amor eterno, tiene un carácter redentor.

Por eso Cristo reprende severamente a Pedro, cuando quiere hacerle abandonar los pensamientos sobre el sufrimiento y sobre la muerte de cruz.(36) y cuando el mismo Pedro, durante la captura en Getsemaní, intenta defenderlo con la espada, Cristo le dice: « Vuelve tu espada a su lugar ... ¿Cómo van a cumplirse las Escrituras, de que así conviene que sea? ».(37) Y además añade: «El cáliz que me dio mi Padre, ¿no he de beberlo? ».(38) Esta respuesta —como otras que encontramos en diversos puntos del Evangelio— muestra cuán profundamente Cristo estaba convencido de lo que había expresado en la conversación con Nicodemo: «

Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna ».(39) Cristo se encamina hacia su propio sufrimiento, consciente de su fuerza salvífica; va obediente hacia el Padre, pero ante todo está unido al Padre en el amor con el cual Él ha amado el mundo y al hombre en el mundo. Por esto San Pablo escribirá de Cristo: « Me amó y se entregó por mí ».(40)

17. Las Escrituras tenían que cumplirse. Eran muchos los testigos mesiánicos del Antiguo Testamento que anunciaban los sufrimientos del futuro Ungido de Dios. Particularmente conmovedor entre todos es el que solemos llamar el cuarto Poema del Siervo de Yavé, contenido en el Libro de Isaías. El profeta, al que justamente se le llama « el quinto evangelista », presenta en este Poema la imagen de los sufrimientos del Siervo con un realismo tan agudo como si lo viera con sus propios ojos: con los del cuerpo y del espíritu. La pasión de Cristo resulta, a la luz de los versículos de Isaías, casi aún más expresiva y conmovedora que en las descripciones de los mismos evangelistas. He aquí cómo se presenta ante nosotros el verdadero Varón de dolores:

« No hay en él parecer, no hay hermosura
para que le miremos ...
Despreciado y abandonado de los hombres,
varón de dolores y familiarizado con el sufrimiento,
y como uno ante el cual se oculta el rostro,
menospreciado sin que le tengamos en cuenta.
Pero fue él ciertamente quien soportó nuestros sufrimientos
y cargó con nuestros dolores,
mientras que nosotros le tuvimos por castigado,
herido por Dios y abatido.
Fue traspasado por nuestras iniquidades
y molido por nuestros pecados.
El castigo de nuestra paz fue sobre él,
y en sus llagas hemos sido curados.
Todos nosotros andábamos errantes como ovejas,
siguiendo cada uno su camino,
y Yavé cargó sobre él
la iniquidad de todos nosotros »
.(41)

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Re: ARIEL ALVAREZ VALDEZ DEJO DE SER CURA

Mensaje  rastrojero el Vie 07 Ago 2009, 18:23

El Poema del Siervo doliente contiene una descripción en la que se pueden identificar, en un cierto sentido, los momentos de la pasión de Cristo en sus diversos particulares: la detención, la humillación, las bofetadas, los salivazos, el vilipendio de la dignidad misma del prisionero, el juicio injusto, la flagelación, la coronación de espinas y el escarnio, el camino con la cruz, la crucifixión y la agonía.

Más aún que esta descripción de la pasión nos impresiona en las palabras del profeta la profundidad del sacrificio de Cristo. Él, aunque inocente, se carga con los sufrimientos de todos los hombres, porque se carga con los pecados de todos. « Yavé cargó sobre él la iniquidad de todos »: todo el pecado del hombre en su extensión y profundidad es la verdadera causa del sufrimiento del Redentor. Si el sufrimiento « es medido » con el mal sufrido, entonces las palabras del profeta permiten comprender la medida de este mal y de este sufrimiento, con el que Cristo se cargó. Puede decirse que éste es sufrimiento « sustitutivo »; pero sobre todo es « redentor ». El Varón de dolores de aquella profecía es verdaderamente aquel « cordero de Dios, que quita el pecado del mundo ».(42) En su sufrimiento los pecados son borrados precisamente porque Él únicamente, como Hijo unigénito, pudo cargarlos sobre sí, asumirlos con aquel amor hacia el Padre que supera el mal de todo pecado; en un cierto senfido aniquila este mal en el ámbito espiritual de las relaciones entre Dios y la humanidad, y llena este espacio con el bien.

Encontramos aquí la dualidad de naturaleza de un único sujeto personal del sufrimiento redentor. Aquél que con su pasión y muerte en la cruz realiza la Redención, es el Hijo unigénito que Dios « dio ». Y al mismo tiempo este Hijo de la misma naturaleza que el Padre, sufre como hombre. Su sufrimiento tiene dimensiones humanas, tiene también una profundidad e intensidad —únicas en la historia de la humanidad— que, aun siendo humanas, pueden tener también una incomparable profundidad e intensidad de sufrimiento, en cuanto que el Hombre que sufre es en persona el mismo Hijo unigénito: « Dios de Dios ». Por lo tanto, solamente Él —el Hijo unigénito— es capaz de abarcar la medida del mal contenida en el pecado del hombre: en cada pecado y en el pecado « total », según las dimensiones de la existencia histórica de la humanidad sobre la tierra.

18. Puede afirmarse que las consideraciones anteriores nos llevan ya directamente a Getsemaní y al Gólgota, donde se cumplió el Poema del Siervo doliente, contenido en el Libro de Isaías. Antes de llegar allí, leamos los versículos sucesivos del Poema, que dan una anticipación profética de la pasión del Getsemaní y del Gólgota. El Siervo doliente —y esto a su vez es esencial para un análisis de la pasión de Cristo— se carga con aquellos sufrimientos, de los que se ha hablado, de un modo completamente voluntario:

« Maltratado, mas él se sometió,
no abrió la boca,
como cordero llevado al matadero,
como oveja muda ante los trasquiladores.
Fue arrebatado por un juicio inicuo,
sin que nadie defendiera su causa,
pues fue arrancado de la tierra de los vivientes
y herido de muerte por el crimen de su pueblo.
Dispuesta estaba entra los impíos su sepultura,
y fue en la muerte igualado a los malhechores,
a pesar de no haber cometido maldad
ni haber mentira en su boca ».(43)

Cristo sufre voluntariamente y sufre inocentemente. Acoge con su sufrimiento aquel interrogante que, puesto muchas veces por los hombres, ha sido expresado, en un cierto sentido, de manera radical en el Libro de Job. Sin embargo, Cristo no sólo lleva consigo la misma pregunta (y esto de una manera todavía más radical, ya que Él no es sólo un hombre como Job, sino el unigénito Hijo de Dios), pero lleva también el máximo de la posible respuesta a este interrogante. La respuesta emerge, se podría decir, de la misma materia de la que está formada la pregunta. Cristo da la respuesta al interrogante sobre el sufrimiento y sobre el sentido del mismo, no sólo con sus enseñanzas, es decir, con la Buena Nueva, sino ante todo con su propio sufrimiento, el cual está integrado de una manera orgánica e indisoluble con las enseñanzas de la Buena Nueva. Esta es la palabra última y sintetica de esta enseñanza: « la doctrina de la Cruz », como dirá un día San Pablo.(44)

Esta « doctrina de la Cruz » llena con una realidad definitiva la imagen de la antigua profecía. Muchos lugares, muchos discursos durante la predicación pública de Cristo atestiguan cómo Él acepta ya desde el inicio este sufrimiento, que es la voluntad del Padre para la salvación del mundo. Sin embargo, la oración en Getsemaní tiene aquí una importancia decisiva. Las palabras: « Padre mío, si es posible, pase de mí este cáliz; sin embargo, no se haga como yo quiero, sino como quieres tú »;

(45) y a continuación: « Padre mío, si esto no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad »,(46) tienen una pluriforme elocuencia. Prueban la verdad de aquel amor, que el Hijo unigénito da al Padre en su obediencia. Al mismo tiempo, demuestran la verdad de su sufrimiento. Las palabras de la oración de Cristo en Getsemaní prueban la verdad del amor mediante la verdad del sufrimiento. Las palabras de Cristo confirman con toda sencillez esta verdad humana del sufrimiento hasta lo más profundo: el sufrimiento es padecer el mal, ante el que el hombre se estremece. Él dice: « pase de mí », precisamente como dice Cristo en Getsemaní.

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Re: ARIEL ALVAREZ VALDEZ DEJO DE SER CURA

Mensaje  rastrojero el Vie 07 Ago 2009, 18:23

Sus palabras demuestran a la vez esta única e incomparable profundidad e intensidad del sufrimiento, que pudo experimentar solamente el Hombre que es el Hijo unigénito; demuestran aquella profundidad e intensidad que las palabras proféticas antes citadas ayudan, a su manera, a comprender.

No ciertamente hasta lo más profundo (para esto se debería entender el misterio divino-humano del Sujeto), sino al menos para percibir la diferencia (y a la vez semejanza) que se verifica entre todo posible sufrimiento del hombre y el del Dios-Hombre. Getsemaní es el lugar en el que precisamente este sufrimiento, expresado en toda su verdad por el profeta sobre el mal padecido en el mismo, se ha revelado casi definitivamente ante los ojos de Cristo.

Después de las palabras en Getsemaní vienen las pronunciadas en el Gólgota, que atestiguan esta profundidad —única en la historia del mundo— del mal del sufrimiento que se padece. Cuando Cristo dice: « Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? », sus palabras no son sólo expresión de aquel abandono que varias veces se hacía sentir en el Antiguo Testamento, especialmente en los Salmos y concretamente en el Salmo 22 [21], del que proceden las palabras citadas.

(47) Puede decirse que estas palabras sobre el abandono nacen en el terreno de la inseparable unión del Hijo con el Padre, y nacen porque el Padre « cargó sobre él la iniquidad de todos nosotros »

(48) y sobre la idea de lo que dirá San Pablo: « A quien no conoció el pecado, le hizo pecado por nosotros ».

(49) Junto con este horrible peso, midiendo « todo » el mal de dar las espaldas a Dios, contenido en el pecado, Cristo, mediante la profundidad divina de la unión filial con el Padre, percibe de manera humanamente inexplicable este sufrimiento que es la separación, el rechazo del Padre, la ruptura con Dios. Pero precisamente mediante tal sufrimiento Él realiza la Redención, y expirando puede decir: « Todo está acabado ».

(50) Puede decirse también que se ha cumplido la Escritura, que han sido definitivamente hechas realidad las palabras del citado Poema del Siervo doliente: « Quiso Yavé quebrantarlo con padecimientos ».

(51) El sufrimiento humano ha alcanzado su culmen en la pasión de Cristo. Y a la vez ésta ha entrado en una dimensión completamente nueva y en un orden nuevo: ha sido unida al amor, a aquel amor del que Cristo hablaba a Nicodemo, a aquel amor que crea el bien, sacándolo incluso del mal, sacándolo por medio del sufrimiento, así como el bien supremo de la redención del mundo ha sido sacado de la cruz de Cristo, y de ella toma constantemente su arranque. La cruz de Cristo se ha convertido en una fuente de la que brotan ríos de agua viva.

(52) En ella debemos plantearnos también el interrogante sobre el sentido del sufrimiento, y leer hasta el final la respuesta a tal interrogante.

rastrojero

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Re: ARIEL ALVAREZ VALDEZ DEJO DE SER CURA

Mensaje  rastrojero el Vie 07 Ago 2009, 18:24

PARTÍCIPES EN LOS SUFRIMIENTOS DE CRISTO

19. El mismo Poema del Siervo doliente del libro de Isaías nos conduce precisamente, a través de los versículos sucesivos, en la dirección de este interrogante y de esta respuesta:

« Ofreciendo su vida en sacrificio por el pecado, verá descendencia que prolongará sus días y el deseo de Yavé prosperará en sus manos.

Por la fatiga de su alma verá y se saciará de su conocimiento.

El justo, mi siervo, justificará a muchos, y cargará con las iniquidades de ellos.

Por eso yo le daré por parte suya muchedumbres, y dividirá la presa con los poderosos por haberse entregado a la muerte y haber sido contado entra los pecadores, llevando sobre sí los pecados de muchos e intercediendo por los pecadores ».(53)


Puede afirmarse que junto con la pasión de Cristo todo sufrimiento humano se ha encontrado en una nueva situación.

Parece como si Job la hubiera presentido cuando dice: « Yo sé en efecto que mi Redentor vive ... »; (54) y como si hubiese encaminado hacia ella su propio sufrimiento, el cual, sin la redención, no hubiera podido revelarle la plenitud de su significado. En la cruz de Cristo no sólo se ha cumplido la redención mediante el sufrimiento, sino que el mismo sufrimiento humano ha quedado redimido. Cristo —sin culpa alguna propia— cargó sobre sí « el mal total del pecado ». La experiencia de este mal determinó la medida incomparable de sufrimiento de Cristo que se convirtió en el precio de la redención. De esto habla el Poema del Siervo doliente en Isaías. De esto hablarán a su tiempo los testigos de la Nueva Alianza, estipulada en la Sangre de Cristo. He aquí las palabras del apóstol Pedro, en su primera carta: « Habéis sido rescatados no con plata y oro, corruptibles, sino con la sangre preciosa de Cristo, como cordero sin defecto ni mancha ».(55) Y el apóstol Pablo dirá en la carta a los Gálatas: « Se entregó por nuestros pecados para liberarnos de este siglo malo »; (56) y en la carta a los Corintios: « Habéis sido comprados a precio. Glorificad pues a Dios en vuestro cuerpo ».(57)

Con éstas y con palabras semejantes los testigos de la Nueva Alianza hablan de la grandeza de la redención, que se lleva a cabo mediante el sufrimiento de Cristo. El Redentor ha sufrido en vez del hombre y por el hombre. Todo hombre tiene su participación en la redención. Cada uno está llamado también a participar en ese sufrimiento mediante el cual se ha llevado a cabo la redención. Está llamado a participar en ese sufrimiento por medio del cual todo sufrimiento humano ha sido también redimido. Llevando a efecto la redención mediante el sufrimiento, Cristo ha elevado juntamente el sufrimiento humano a nivel de redención.

Consiguientemente, todo hombre, en su sufrimiento, puede hacerse también partícipe del sufrimiento redentor de Cristo.

20. Los textos del Nuevo Testamento expresan en muchos puntos este concepto. En la segunda carta a los Corintios escribe el Apóstol: « En todo apremiados, pero no acosados; perplejos, pero no desconcertados; perseguidos, pero no abandonados; abatidos, pero no aniquilados, llevando siempre en el cuerpo la muerte de Cristo, para que la vida de Jesús se manifieste en nuestro tiempo. Mientras vivimos estamos siempre entregados a la muerte por amor de Jesús, para que la vida de Jesús se manifieste también en nuestra carne mortal... sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús, también con Jesús nos resucitará...».

(58) San Pablo habla de diversos sufrimientos y en particular de los que se hacían partícipes los primeros cristianos « a causa de Jesús ». Tales sufrimientos permiten a los destinatarios de la Carta participar en la obra de la redención, llevada a cabo mediante los sufrimientos y la muerte del Redentor. La elocuencia de la cruz y de la muerte es completada, no obstante, por la elocuencia de la resurrección. El hombre halla en la resurrección una luz completamente nueva, que lo ayuda a abrirse camino a través de la densa oscuridad de las humillaciones, de las dudas, de la desesperación y de la persecución. De ahí que el Apóstol escriba también en la misma carta a los Corintios: « Porque así como abundan en nosotros los padecimientos de Cristo, así por Cristo abunda nuestra consolación ».

(59) En otros lugares se dirige a sus destinatarios con palabras de ánimo: « El Señor enderece vuestros corazones en la caridad de Dios y en la paciencia de Cristo ».(60) Y en la carta a los Romanos: « Os ruego, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como hostia viva, santa y grata a Dios: este es vuestro culto racional ».

(61) La participación misma en los padecimientos de Cristo halla en estas expresiones apostólicas casi una doble dimensión. Si un hombre se hace partícipe de los sufrimientos de Cristo, esto acontece porque Cristo ha abierto su sufrimiento al hombre porque Él mismo en su sufrimiento redentor se ha hecho en cierto sentido partícipe de todos los sufrimientos humanos. El hombre, al descubrir por la fe el sufrimiento redentor de Cristo, descubre al mismo tiempo en él sus propios sufrimientos, los revive mediante la fe, enriquecidos con un nuevo contenido y con un nuevo significado.

Este descubrimiento dictó a san Pablo palabras particularmente fuertes en la carta a los Gálatas: « Estoy crucificado con Cristo y ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Y aunque al presente vivo en carne, vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí ».(62) La fe permite al autor de estas palabras conocer el amor que condujo a Cristo a la cruz. Y si amó de este modo, sufriendo y muriendo, entonces por su padecimiento y su muerte vive en aquél al que amó así, vive en el hombre: en Pablo. Y viviendo en él —a medida que Pablo, consciente de ello mediante la fe, responde con el amor a su amor —Cristo se une asimismo de modo especial al hombre, a Pablo, mediante la cruz. Esta unión ha sugerido a Pablo, en la misma carta a los Gálatas, palabras no menos fuertes: « Cuanto a mí, jamás me gloriaré a no ser en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo ». (63)

21. La cruz de Cristo arroja de modo muy penetrante luz salvífica sobre la vida del hombre y, concretamente, sobre su sufrimiento, porque mediante la fe lo alcanza junto con la resurrección: el misterio de la pasión está incluido en el misterio pascual. Los testigos de la pasión de Cristo son a la vez testigos de su resurrección. Escribe San Pablo: « Para conocerle a Él y el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos, conformándome a Él en su muerte por si logro alcanzar la resurrección de los muertos ».(64)

Verdaderamente el Apóstol experimentó antes « la fuerza de la resurrección » de Cristo en el camino de Damasco, y sólo después, en esta luz pascual, llegó a la « participación en sus padecimientos », de la que habla, por ejemplo, en la carta a los Gálatas. La vía de Pablo es claramente pascual: la participación en la cruz de Cristo se realiza a través de la experiencia del Resucitado, y por tanto mediante una especial participación en la resurrección. Por esto, incluso en la expresión del Apóstol sobre el tema del sufrimiento aparece a menudo el motivo de la gloria, a la que da inicio la cruz de Cristo.

rastrojero

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Re: ARIEL ALVAREZ VALDEZ DEJO DE SER CURA

Mensaje  rastrojero el Vie 07 Ago 2009, 18:25

Los testigos de la cruz y de la resurrección estaban convencidos de que « por muchas tribulaciones nos es preciso entrar en el reino de Dios ».(65)

Y Pablo, escribiendo a los Tesalonicenses, dice: « Nos gloriamos nosotros mismos de vosotros... por vuestra paciencia y vuestra fe en todas vuestras persecuciones y en las tribulaciones que soportáis. Todo esto es prueba del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual padecéis ».(66) Así pues, la participación en los sufrimientos de Cristo es, al mismo tiempo, sufrimiento por el reino de Dios.

A los ojos del Dios justo, ante su juicio, cuantos participan en los sufrimientos de Cristo se hacen dignos de este reino. Mediante sus sufrimientos, éstos devuelven en un cierto sentido el infinito precio de la pasión y de la muerte de Cristo, que fue el precio de nuestra redención: con este precio el reino de Dios ha sido nuevamente consolidado en la historia del hombre, llegando a ser la perspectiva definitiva de su existencia terrena. Cristo nos ha introducido en este reino mediante su sufrimiento. Y también mediante el sufrimiento maduran para el mismo reino los hombres, envueltos en el misterio de la redención de Cristo.

22. A la perspectiva del reino de Dios está unida la esperanza de aquella gloria, cuyo comienzo está en la cruz de Cristo. La resurrección ha revelado esta gloria —la gloria escatológica— que en la cruz de Cristo estaba completamente ofuscada por la inmensidad del sufrimiento. Quienes participan en los sufrimientos de Cristo están también llamados, mediante sus propios sufrimientos, a tomar parte en la gloria. Pablo expresa esto en diversos puntos. Escribe a los Romanos: « Somos ... coherederos de Cristo, supuesto que padezcamos con Él para ser con Él glorificados.

Tengo por cierto que los padecimientos del tiempo presente no son nada en comparación con la gloria que ha de manifestarse en nosotros ».

(67) En la segunda carta a los Corintios leemos: « Pues por la momentánea y ligera tribulación nos prepara un peso eterno de gloria incalculable, y no ponemos los ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles ».

(68) El apóstol Pedro expresará esta verdad en las siguientes palabras de su primera carta: « Antes habéis de alegraros en la medida en que participáis en los padecimientos de Cristo, para que en la revelación de su gloria exultéis de gozo ». (69)

El motivo del sufrimiento y de la gloria tiene una característica estrictamente evangélica, que se aclara mediante la referencia a la cruz y a la resurrección. La resurrección es ante todo la manifestación de la gloria, que corresponde a la elevación de Cristo por medio de la cruz. En efecto, si la cruz ha sido a los ojos de los hombres la expoliación de Cristo, al mismo tiempo ésta ha sido a los ojos de Dios su elevación. En la cruz Cristo ha alcanzado y realizado con teda plenitud su misión: cumpliendo la voluntad del Padre, se realizó a la vez a sí mismo. En la debilidad manifestó su poder,y en la humillación toda su grandeza mesiánica. ¿No son quizás una prueba de esta grandeza todas las palabras pronunciadas durante la agonía en el Gólgota y, especialmente, las referidas a los autores de la crucifixión: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen »?

(70) A quienes participan de los sufrimientos de Cristo estas palabras se imponen con la fuerza de un ejempló supremo El sufrimiento es también una llamada a manifestar la grandeza moral del hombre, su madurez espiritual. De esto han dado prueba, en las diversas generaciones, los mártires y confesores de Cristo, fieles a las palabras: « No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, que el alma no pueden matarla ».

(71)
La resurrección de Cristo ha revelado « la gloria del siglo futuro » y, contemporáneamente, ha confirmado « el honor de la Cruz »: aquella gloria que está contenida en el sufrimiento mismo de Cristo, y que muchas veces se ha reflejado y se refleja en el sufrimiento del hombre, como expresión de su grandeza espiritual. Hay que reconocer el testimonio glorioso no sólo de los mártires de la fe, sino también de otros numerosos hombres que a veces, aun sin la fe en Cristo, sufren y dan la vida por la verdad y por una justa causa. En los sufrimientos de todos éstos es confirmada de modo particular la gran dignidad del hombre.

23. El sufrimiento, en efecto, es siempre una prueba —a veces una prueba bastante dura—, a la que es sometida la humanidad. Desde las páginas de las cartas de San Pablo nos habla con frecuencia aquella paradoja evangelica de la debilidad y de la fuerza, experimentada de manera particular por el Apóstol mismo y que, junto con él, prueban todos aquellos que participan en los sufrimientos de Cristo. Él escribe en la segunda carta a los Corintios: « Muy gustosamente, pues, continuaré gloriándome en mis debilidades para que habite en mí la fuerza de Cristo ».

(72) En la segunda carta a Timoteo leemos: « Por esta causa sufro, pero no me avergüenza, porque sé a quien me he confiado ».(73) Y en la carta a los Filipenses dirá incluso: « Todo lo puedo en aquél que me conforta ».

(74) Quienes participan en los sufrimientos de Cristo tienen ante los ojos el misterio pascual de la cruz y de la resurrección, en la que Cristo desciende, en una primera fase, hasta el extremo de la debilidad y de la impotencia humana; en efecto, Él muere clavado en la cruz. Pero si al mismo tiempo en esta debilidad se cumple su elevación, confirmada con la fuerza de la resurrección, esto significa que las debilidades de todos los sufrimientos humanos pueden ser penetrados por la misma fuerza de Dios, que se ha manifestado en la cruz de Cristo. En esta concepción sufrir significa hacerse particularmente receptivos, particularmente abiertos a la acción de las fuerzas salvíficas de Dios, ofrecidas a la humanidad en Cristo. En Él Dios ha demostrado querer actuar especialmente por medio del sufrimiento, que es la debilidad y la expoliación del hombre, y querer precisamente manifestar su fuerza en esta debilidad y en esta expoliación.

Con esto se puede explicar también la recomendación de la primera carta de Pedro: « Mas si por cristiano padece, no se avergüence, antes glorifique a Dios en este nombre ».

(75) En la carta a los Romanos el apóstol Pablo se pronuncia todavía más ampliamente sobre el tema de este « nacer de la fuerza en la debilidad », del vigorizarse espiritualmente del hombre en medio de las pruebas y tribulaciones, que es la vocación especial de quienes participan en los sufrimientos de Cristo. « Nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabedores de que la tribulación produce la paciencia; la paciencia, una virtud probada, y la virtud probada, la esperanza. Y la esperanza no quedará confundida, pues el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por virtud del Espíritu Santo, que nos ha sido dado ».

(76) En el sufrimiento está como contenida una particular llamada a la virtud, que el hombre debe ejercitar por su parte. Esta es la virtud de la perseverancia al soportar lo que molesta y hace daño. Haciendo esto, el hombre hace brotar la esperanza, que mantiene en él la convicción de que el sufrimiento no prevalecerá sobre él, no lo privará de su propia dignidad unida a la conciencia del sentido de la vida. Y así, este sentido se manifiesta junto con la acción del amor de Dios, que es el don supremo del Espíritu Santo. A medida que participa de este amor, el hombre se encuentra hasta el fondo en el sufrimiento: reencuentra « el alma », que le parecía haber « perdido » (77) a causa del sufrimiento.


24. Sin embargo, la experiencia del Apóstol, partícipe de los sufrimientos de Cristo, va más allá. En la carta a los Colosenses leemos las palabras que constituyen casi la última etapa del itinerario espiritual respecto al sufrimiento. San Pablo escribe: « Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros y suplo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia ».(78) Y él mismo, en otra Carta, pregunta a los destinatarios: « ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ».(79)

En el misterio pascual Cristo ha dado comienzo a la unión con el hombre en la comunidad de la Iglesia. El misterio de la Iglesia se expresa en esto: que ya en el momento del Bautismo, que configura con Cristo, y después a través de su Sacrificio —sacramentalmente mediante la Eucaristía— la Iglesia se edifica espiritualmente de modo continuo como cuerpo de Cristo.

En este cuerpo Cristo quiere estar unido con todos los hombres, y de modo particular está unido a los que sufren. Las palabras citadas de la carta a los Colosenses testimonian el carácter excepcional de esta unión.

En efecto, el que sufre en unión con Cristo —como en unión con Cristo soporta sus « tribulaciones » el apóstol Pablo— no sólo saca de Cristo aquella fuerza, de la que se ha hablado precedentemente, sino que « completa » con su sufrimiento lo que falta a los padecimientos de Cristo.

En este marco evangelico se pone de relieve, de modo particular, la verdad sobre el carácter creador del sufrimiento. El sufrimiento de Cristo ha creado el bien de la redención del mundo. Este bien es en sí mismo inagotable e infinito. Ningún hombre puede añadirle nada. Pero, a la vez, en el misterio de la Iglesia como cuerpo suyo, Cristo en cierto sentido ha abierto el propio sufrimiento redentor a todo sufrimiento del hombre. En cuanto el hombre se convierte en partícipe de los sufrimientos de Cristo —en cualquier lugar del mundo y en cualquier tiempo de la historia—, en tanto a su manera completa aquel sufrimiento, mediante el cual Cristo ha obrado la redención del mundo

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Re: ARIEL ALVAREZ VALDEZ DEJO DE SER CURA

Mensaje  rastrojero el Vie 07 Ago 2009, 18:25

¿Esto quiere decir que la redención realizada por Cristo no es completa? No.

Esto significa únicamente que la redención, obrada en virtud del amor satisfactorio, permanece constantemente abierta a todo amor que se expresa en el sufrimiento humano. En esta dimensión —en la dimensión del amor— la redención ya realizada plenamente, se realiza, en cierto sentido, constantemente. Cristo ha obrado la redención completamente y hasta el final; pero, al mismo tiempo, no la ha cerrado. En este sufrimiento redentor, a través del cual se ha obrado la redención del mundo, Cristo se ha abierto desde el comienzo, y constantemente se abre, a cada sufrimiento humano. Sí, parece que forma parte de la esencia misma del sufrimiento redentor de Cristo el hecho de que haya de ser completado sin cesar.

De este modo, con tal apertura a cada sufrimiento humano, Cristo ha obrado con su sufrimiento la redención del mundo. Al mismo tiempo, esta redención, aunque realizada plenamente con el sufrimiento de Cristo, vive y se desarrolla a su manera en la historia del hombre. Vive y se desarrolla como cuerpo de Cristo, o sea la Iglesia, y en esta dimensión cada sufrimiento humano, en virtud de la unión en el amor con Cristo, completa el sufrimiento de Cristo. Lo completa como la Iglesia completa la obra redentora de Cristo. El misterio de la Iglesia —de aquel cuerpo que completa en sí también el cuerpo crucificado y resucitado de Cristo— indica contemporáneamente aquel espacio, en el que los sufrimientos humanos completan los de Cristo. Sólo en este marco y en esta dimensión de la Iglesia cuerpo de Cristo, que se desarrolla continuamente en el espacio y en el tiempo, se puede pensar y hablar de « lo que falta a los padecimientos de Cristo ». El Apóstol, por lo demás, lo pone claramente de relieve, cuando habla de completar lo que falta a los sufrimientos de Cristo, en favor de su cuerpo, que es la Iglesia.

Precisamente la Iglesia, que aprovecha sin cesar los infinitos recursos de la redención, introduciéndola en la vida de la humanidad, es la dimensión en la que el sufrimiento redentor de Cristo puede ser completado constantemente por el sufrimiento del hombre. Con esto se pone de relieve la naturaleza divino-humana de la Iglesia. El sufrimiento parece participar en cierto modo de las características de esta naturaleza. Por eso, tiene igualmente un valor especial ante la Iglesia. Es un bien ante el cual la Iglesia se inclina con veneración, con toda la profundidad de su fe en la redención. Se inclina, juntamente con toda la profundidad de aquella fe, con la que abraza en sí misma el inefable misterio del Cuerpo de Cristo.

rastrojero

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Re: ARIEL ALVAREZ VALDEZ DEJO DE SER CURA

Mensaje  rastrojero el Vie 07 Ago 2009, 18:28

VI EL EVANGELIO DEL SUFRIMIENTO
25. Los testigos de la cruz y de la resurrección de Cristo han transmitido a la Iglesia y a la humanidad un específico Evangelio del sufrimiento. El mismo Redentor ha escrito este Evangelio ante todo con el propio sufrimiento asumido por amor, para que el hombre « no perezca, sino que tenga la vida eterna ».(80) Este sufrimiento, junto con la palabra viva de su enseñanza, se ha convertido en un rico manantial para cuantos han participado en los sufrimientos de Jesús en la primera generación de sus discípulos y confesores y luego en las que se han ido sucediendo a lo largo de los siglos.

Es ante todo consolador —como es evangélica e históricamente exacto— notar que al lado de Cristo, en primerísimo y muy destacado lugar junto a Él está siempre su Madre Santísima por el testimonio ejemplar que con su vida entera da a este particular Evangelio del sufrimiento. En Ella los numerosos e intensos sufrimientos se acumularon en una tal conexión y relación, que si bien fueron prueba de su fe inquebrantable, fueron también una contribución a la redención de todos. En realidad, desde el antiguo coloquio tenido con el ángel, Ella entrevé en su misión de madre el « destino » a compartir de manera única e irrepetible la misión misma del Hijo. Y la confirmación de ello le vino bastante pronto, tanto de los acontecimientos que acompañaron el nacimiento de Jesús en Belén, cuanto del anuncio formal del anciano Simeón, que habló de una espada muy aguda que le traspasaría el alma, así como de las ansias y estrecheces de la fuga precipitada a Egipto, provocada por la cruel decisión de Herodes.

Más aún, después de los acontecimientos de la vida oculta y pública de su Hijo, indudablemente compartidos por Ella con aguda sensibilidad, fue en el Calvario donde el sufrimiento de María Santísima, junto al de Jesús, alcanzó un vértice ya difícilmente imaginable en su profundidad desde el punto de vista humano, pero ciertamente misterioso y sobrenaturalmente fecundo para los fines de la salvación universal. Su subida al Calvario, su « estar » a los pies de la cruz junto con el discípulo amado, fueron una participación del todo especial en la muerte redentora del Hijo, como por otra parte las palabras que pudo escuchar de sus labios, fueron como una entrega solemne de este típico Evangelio que hay que anunciar a toda la comunidad de los creyentes.

Testigo de la pasión de su Hijo con su presencia y partícipe de la misma con su compasión, María Santísima ofreció una aportación singular al Evangelio del sufrimiento, realizando por adelantado la expresión paulina citada al comienzo. Ciertamente Ella tiene títulos especialísimos para poder afirmar lo de completar en su carne —como también en su corazón— lo que falta a la pasión de Cristo.

A la luz del incomparable ejemplo de Cristo, reflejado con singular evidencia en la vida de su Madre, el Evangelio del sufrimiento, a través de la experiencia y la palabra de los Apóstoles, se convierte en fuente inagotable para las generaciones siempre nuevas que se suceden en la historia de la Iglesia. El Evangelio del sufrimiento significa no sólo la presencia del sufrimiento en el Evangelio, como uno de los temas de la Buena Nueva, sino además la revelación de la fuerza salvadora y del significado salvífico del sufrimiento en la misión mesiánica de Cristo y luego en la misión y en la vocación de la Iglesia.

Cristo no escondía a sus oyentes la necesidad del sufrimiento. Decía muy claramente: « Si alguno quiere venir en pos de mí... tome cada día su cruz »,(81) y a sus discípulos ponía unas exigencias de naturaleza moral, cuya realización es posible sólo a condición de que « se nieguen a sí mismos ».(82) La senda que lleva al Reino de los cielos es « estrecha y angusta », y Cristo la contrapone a la senda « ancha y espaciosa » que, sin embargo, « lleva a la perdición ».(83) Varias veces dijo también Cristo que sus discípulos y confesores encontrarían múltiples persecuciones; esto —como se sabe— se verificó no sólo en los primeros siglos de Ia vida de la Iglesia bajo el imperio romano, sino que se ha realizado y se realiza en diversos períodos de la historia y en diferentes lugares de la tierra, aun en nuestros días.

He aquí algunas frases de Cristo sobre este tema: « Pondrán sobre vosotros las manos y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y metiéndoos en prisión, conduciéndoos ante los reyes y gobernadores por amor de mi nombre. Será para vosotros ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preocuparos de vuestra defensa, porque yo os daré un lenguaje y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados aun por los padres, por los hermanos, por los parientes y por los amigos, y harán morir a muchos de vosotros, y seréis aborrecidos de todos a causa de mi nombre. Pero no se perderá ni un solo cabello de vuestra cabeza. Con vuestra paciencia compraréis (la salvación) de vuestras almas ».(84)

El Evangelio del sufrimiento habla ante todo, en diversos puntos, del sufrimiento «por Cristo», « a causa de Cristo », y esto lo hace con las palabras mismas de Cristo, o bien con las palabras de sus Apóstoles. El Maestro no esconde a sus discípulos y seguidores la perspectiva de tal sufrimiento; al contrario lo revela con toda franqueza, indicando contemporáneamente las fuerzas sobrenaturales que les acompañarán en medio de las persecuciones y tribulaciones « por su nombre ». Estas serán en conjunto como una verificación especial de la semejanza a Cristo y de la unión con Él. « Si el mundo os aborrece, sabed que me aborreció a mí primero que a vosotros... pero porque no sois del mundo, sino que yo os escogí del mundo, por esto el mundo os aborrece... No es el siervo mayor que su señor. Si me persiguieron a mí, también a vosotros os perseguirán... Pero todas estas cosas haránlas con vosotros por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado ».(85) « Esto os lo he dicho para que tengáis paz en mí; en el mundo habéis de tener tribulación; pero confiad: yo he vencido al mundo ».(86)

Este primer capítulo del Evangelio del sufrimiento, que habla de las persecuciones, o sea de las tribulaciones por causa de Cristo, contiene en sí una llamada especial al valor y a la fortaleza, sostenida por la elocuencia de la resurrección. Cristo ha vencido definitivamente al mundo con su resurrección; sin embargo, gracias a su relación con la pasión y la muerte, ha vencido al mismo tiempo este mundo con su sufrimiento. Sí, el sufrimiento ha sido incluido de modo singular en aquella victoria sobre el mundo, que se ha manifestado en la resurrección. Cristo conserva en su cuerpo resucitado las señales de las heridas de la cruz en sus manos, en sus pies y en el costado. A través de la resurrección manifiesta la fuerza victoriosa del sufrimiento, y quiere infundir la convicción de esta fuerza en el corazón de los que escogió como sus Apóstoles y de todos aquellos que continuamente elige y envía. El apóstol Pablo dirá: « Y todos los que aspiran a vivir piadosamente en Cristo Jesús sufrirán persecuciones ».(87)

26. Si el primer gran capítulo del Evangelio del sufrimiento está escrito, a lo largo de las generaciones, por aquellos que sufren persecuciones por Cristo, igualmente se desarrolla a través de la historia otro gran capítulo de este Evangelio. Lo escriben todos los que sufren con Cristo, uniendo los propios sufrimientos humanos a su sufrimiento salvador. En ellos se realiza lo que los primeros testigos de la pasión y resurrección han dicho y escrito sobre la participación en los sufrimientos de Cristo. Por consiguiente, en ellos se cumple el Evangelio del sufrimiento y, a la vez, cada uno de ellos continúa en cierto modo a escribirlo; lo escribe y lo proclama al mundo, lo anuncia en su ambiente y a los hombres contemporáneos.

A través de los siglos y generaciones se ha constatado que en el sufrimiento se esconde una particular fuerza que acerca interiormente el hombre a Cristo, una gracia especial. A ella deben su profunda conversión muchos santos, como por ejemplo San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola, etc. Fruto de esta conversión es no sólo el hecho de que el hombre descubre el sentido salvífico del sufrimiento, sino sobre todo que en el sufrimiento llega a ser un hombre completamente nuevo. Halla como una nueva dimensión de toda su vida y de su vocación. Este descubrimiento es una confirmación particular de la grandeza espiritual que en el hombre supera el cuerpo de modo un tanto incomprensible. Cuando este cuerpo está gravemente enfermo, totalmente inhábil y el hombre se siente como incapaz de vivir y de obrar, tanto más se ponen en evidencia la madurez interior y la grandeza espiritual, constituyendo una lección conmovedora para los hombres sanos y normales.

Esta madurez interior y grandeza espiritual en el sufrimiento, ciertamente son fruto de una particular conversión y cooperación con la gracia del Redentor crucificado. Él mismo es quien actúa en medio de los sufrimientos humanos por medio de su Espíritu de Verdad, por medio del Espíritu Consolador. Él es quien transforma, en cierto sentido, la esencia misma de la vida espiritual, indicando al hombre que sufre un lugar cercano a sí. Él es —como Maestro y Guía interior— quien enseña al hermano y a la hermana que sufren este intercambio admirable, colocado en lo profundo del misterio de la redención. El sufrimiento es, en sí mismo, probar el mal. Pero Cristo ha hecho de él la más sólida base del bien definitivo, o sea del bien de la salvación eterna. Cristo con su sufrimiento en la cruz ha tocado las raíces mismas del mal: las del pecado y las de la muerte. Ha vencido al artífice del mal, que es Satanás, y su rebelión permanente contra el Creador. Ante el hermano o la hermana que sufren, Cristo abre y despliega gradualmente los horizontes del Reino de Dios, de un mundo convertido al Creador, de un mundo liberado del pecado, que se está edificando sobre el poder salvífico del amor. Y, de una forma lenta pero eficaz, Cristo introduce en este mundo, en este Reino del Padre al hombre que sufre, en cierto modo a través de lo intimo de su sufrimiento. En efecto, el sufrimiento no puede ser transformado y cambiado con una gracia exterior, sino interior. Cristo, mediante su propio sufrimiento salvífico, se encuentra muy dentro de todo sufrimiento humano, y puede actuar desde el interior del mismo con el poder de su Espíritu de Verdad, de su Espíritu Consolador.

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Re: ARIEL ALVAREZ VALDEZ DEJO DE SER CURA

Mensaje  rastrojero el Vie 07 Ago 2009, 18:29

No basta. El divino Redentor quiere penetrar en el ánimo de todo paciente a través del corazón de su Madre Santísima, primicia y vértice de todos los redimidos. Como continuación de la maternidad que por obra del Espíritu Santo le había dado la vida, Cristo moribundo confirió a la siempre Virgen María una nueva maternidad —espiritual y universal— hacia todos los hombres, a fin de que cada uno, en la peregrinación de la fe, quedara, junto con María, estrechamente unido a Él hasta la cruz, y cada sufrimiento, regenerado con la fuerza de esta cruz, se convirtiera, desde la debilidad del hombre, en fuerza de Dios.

Pero este proceso interior no se desarrolla siempre de igual manera. A menudo comienza y se instaura con dificultad. El punto mismo de partida es ya diverso; diversa es la disposición, que el hombre lleva en su sufrimiento. Se puede sin embargo decir que casi siempre cada uno entra en el sufrimiento con una protesta típicamente humana y con la pregunta del « por qué ». Se pregunta sobre el sentido del sufrimiento y busca una respuesta a esta pregunta a nivel humano. Ciertamente pone muchas veces esta pregunta también a Dios, al igual que a Cristo. Además, no puede dejar de notar que Aquel, a quien pone su pregunta, sufre Él mismo, y por consiguiente quiere responderle desde la cruz, desde el centro de su propio sufrimiento. Sin embargo a veces se requiere tiempo, hasta mucho tiempo, para que esta respuesta comience a ser interiormente perceptible.

En efecto, Cristo no responde directamente ni en abstracto a esta pregunta humana sobre el sentido del sufrimiento. El hombre percibe su respuesta salvífica a medida que él mismo se convierte en partícipe de los sufrimientos de Cristo.

La respuesta que llega mediante esta participación, a lo largo del camino del encuentro interior con el Maestro, es a su vez algo más que una mera respuesta abstracta a la pregunta acerca del significado del sufrimiento. Esta es, en efecto, ante todo una llamada. Es una vocación. Cristo no explica abstractamente las razones del sufrimiento, sino que ante todo dice: « Sígueme », « Ven », toma parte con tu sufrimiento en esta obra de salvación del mundo, que se realiza a través de mi sufrimiento. Por medio de mi cruz. A medida que el hombre toma su cruz, uniéndose espiritualmente a la cruz de Cristo, se revela ante él el sentido salvífico del sufrimiento. El hombre no descubre este sentido a nivel humano, sino a nivel del sufrimiento de Cristo. Pero al mismo tiempo, de este nivel de Cristo aquel sentido salvífico del sufrimiento desciende al nivel humano y se hace, en cierto modo, su respuesta personal. Entonces el hombre encuentra en su sufrimiento la paz interior e incluso la alegría espiritual.

27. De esta alegría habla el Apóstol en la carta a los Colosenses: «Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros ».(88) Se convierte en fuente de alegría la superación del sentido de inutilidad del sufrimiento, sensación que a veces está arraigada muy profundamente en el sufrimiento humano. Este no sólo consuma al hombre dentro de sí mismo, sino que parece convertirlo en una carga para los demás. El hombre se siente condenado a recibir ayuda y asistencia por parte de los demás y, a la vez, se considera a sí mismo inútil. El descubrimiento del sentido salvífico del sufrimiento en unión con Cristo transforma esta sensación deprimente. La fe en la participación en los sufrimientos de Cristo lleva consigo la certeza interior de que el hombre que sufre « completa lo que falta a los padecimientos de Cristo »; que en la dimensión espiritual de la obra de la redención sirve, como Cristo, para la salvación de sus hermanos y hermanas. Por lo tanto, no sólo es útil a los demás, sino que realiza incluso un servicio insustituible. En el cuerpo de Cristo, que crece incesantemente desde la cruz del Redentor, precisamente el sufrimiento, penetrado por el espíritu del sacrificio de Cristo, es el mediador insustituible y autor de los bienes indispensables para la salvación del mundo. El sufrimiento, más que cualquier otra cosa, es el que abre el camino a la gracia que transforma las almas. El sufrimiento, más que todo lo demás, hace presente en la historia de la humanidad la fuerza de la Redención. En la lucha « cósmica » entra las fuerzas espirituales del bien y las del mal, de las que habla la carta a los Efesios,(89) los sufrimientos humanos, unidos al sufrimiento redentor de Cristo, constituyen un particular apoyo a las fuerzas del bien, abriendo el camino a la victoria de estas fuerzas salvíficas.

Por esto, la Iglesia ve en todos los hermanos y hermanas de Cristo que sufren como un sujeto múltiple de su fuerza sobrenatural. ¡Cuán a menudo los pastores de la Iglesia recurren precisamente a ellos, y concretamente en ellos buscan ayuda y apoyo! El Evangelio del sufrimiento se escribe continuamente, y continuamente habla con las palabras de esta extraña paradoja. Los manantiales de la fuerza divina brotan precisamente en medio de la debilidad humana. Los que participan en los sufrimientos de Cristo conservan en sus sufrimientos una especialísima partícula del tesoro infinito de la redención del mundo, y pueden compartir este tesoro con los demás. El hombre, cuanto más se siente amenazado por el pecado, cuanto más pesadas son las estructuras del pecado que lleva en sí el mundo de hoy, tanto más grande es la elocuencia que posee en sí el sufrimiento humano. Y tanto más la Iglesia siente la necesidad de recurrir al valor de los sufrimientos humanos para la salvación del mundo.

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Re: ARIEL ALVAREZ VALDEZ DEJO DE SER CURA

Mensaje  rastrojero el Vie 07 Ago 2009, 18:29

VII EL BUEN SAMARITANO

28. Pertenece también al Evangelio del sufrimiento —y de modo orgánico— la parábola del buen Samaritano. Mediante esta parábola Cristo quiso responder a la pregunta « ¿Y quién es mi prójimo? ».(90) En efecto, entra los tres que viajaban a lo largo de la carretera de Jerusalén a Jericó, donde estaba tendido en tierra medio muerto un hombre robado y herido por los ladrones, precisamente el Samaritano demostró ser verdaderamente el « prójimo » para aquel infeliz. « Prójimo » quiere decir también aquél que cumplió el mandamiento del amor al prójimo. Otros dos hombres recorrían el mismo camino; uno era sacerdote y el otro levita, pero cada uno « lo vio y pasó de largo ». En cambio, el Samaritano « lo vio y tuvo compasión... Acercóse, le vendó las heridas », a continuación « le condujo al mesón y cuidó de él ».(91) y al momento de partir confió el cuidado del hombre herido al mesonero, comprometiéndose a abonar los gastos correspondientes.

La parábola del buen Samaritano pertenece al Evangelio del sufrimiento. Indica, en efecto, cuál debe ser la relación de cada uno de nosotros con el prójimo que sufre. No nos está permitido « pasar de largo », con indiferencia, sino que debemos « pararnos » junto a él. Buen Samaritano es todo hombre, que se para junto al sufrimiento de otro hombre de cualquier género que ése sea. Esta parada no significa curiosidad, sino más bien disponibilidad. Es como el abrirse de una determinada disposición interior del corazón, que tiene también su expresión emotiva. Buen Samaritano es todo hombre sensible al sufrimiento ajeno, el hombre que « se conmueve » ante la desgracia del prójimo. Si Cristo, conocedor del interior del hombre, subraya esta conmoción, quiere decir que es importante para toda nuestra actitud frente al sufrimiento ajeno. Por lo tanto, es necesario cultivar en sí mismo esta sensibilidad del corazón, que testimonia la compasión hacia el que sufre. A veces esta compasión es la única o principal manifestación de nuestro amor y de nuestra solidaridad hacia el hombre que sufre.

Sin embargo, el buen Samaritano de la parábola de Cristo no se queda en la mera conmoción y compasión. Estas se convierten para él en estímulo a la acción que tiende a ayudar al hombre herido. Por consiguiente, es en definitiva buen Samaritano el que ofrece ayuda en el sufrimiento, de cualquier clase que sea. Ayuda, dentro de lo posible, eficaz. En ella pone todo su corazón y no ahorra ni siquiera medios materiales. Se puede afirmar que se da a sí mismo, su propio « yo », abriendo este « yo » al otro. Tocamos aquí uno de los puntos clave de toda la antropología cristiana. El hombre no puede « encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás »,(92) Buen Samaritano es el hombre capaz precisamente de ese don de sí mismo.

29. Siguiendo la parábola evangélica, se podría decir que el sufrimiento, que bajo tantas formas diversas está presente en el mundo humano, está también presente para irradiar el amor al hombre, precisamente ese desinteresado don del propio « yo » en favor de los demás hombres, de los hombres que sufren. Podría decirse que el mundo del sufrimiento humano invoca sin pausa otro mundo: el del amor humano; y aquel amor desinteresado, que brota en su corazón y en sus obras, el hombre lo debe de algún modo al sufrimiento. No puede el hombre « prójimo » pasar con desinterés ante el sufrimiento ajeno, en nombre de la fundamental solidaridad humana; y mucho menos en nombre del amor al prójimo. Debe « pararse », « conmoverse », actuando como el Samaritano de la parábola evangélica. La parábola en sí expresa una verdad profundamente cristiana, pero a la vez tan universalmente humana. No sin razón, aun en el lenguaje habitual se llama obra « de buen samaritano » toda actividad en favor de los hombres que sufren y de todos los necesitados de ayuda.

Esta actividad asume, en el transcurso de los siglos, formas institucionales organizadas y constituye un terreno de trabajo en las respectivas profesiones. ¡Cuánto tiene « de buen samaritano » la profesión del médico, de la enfermera, u otras similares! Por razón del contenido « evangélico », encerrado en ella, nos inclinamos a pensar más bien en una vocación que en una profesión. Y las instituciones que, a lo largo de las generaciones, han realizado un servicio « de samaritano » se han desarrollado y especializado todavía más en nuestros días. Esto prueba indudablemente que el hombre de hoy se para con cada vez mayor atención y perspicacia junto a los sufrimientos del prójimo, intenta comprenderlos y prevenirlos cada vez con mayor precisión. Posee una capacidad y especialización cada vez mayores en este sector. Viendo todo esto, podemos decir que la parábola del Samaritano del Evangelio se ha convertido en uno de los elementos esenciales de la cultura moral y de la civilización universalmente humana. Y pensando en todos los hombres, que con su ciencia y capacidad prestan tantos servicios al prójimo que sufre, no podemos menos de dirigirles unas palabras de aprecio y gratitud.

Estas se extienden a todos los que ejercen de manera desinteresada el propio servicio al prójimo que sufre, empeñándose voluntariamente en la ayuda « como buenos samaritanos », y destinando a esta causa todo el tiempo y las fuerzas que tienen a su disposición fuera del trabajo profesional. Esta espontánea actividad « de buen samaritano » o caritativa, puede llamarse actividad social, puede también definirse como apostolado, siempre que se emprende por motivos auténticamente evangélicos, sobre todo si esto ocurre en unión con la Iglesia o con otra Comunidad cristiana. La actividad voluntaria « de buen samaritano » se realiza a través de instituciones adecuadas o también por medio de organizaciones creadas para esta finalidad. Actuar de esta manera tiene una gran importancia, especialmente si se trata de asumir tareas más amplias, que exigen la cooperación y el uso de medios técnicos. No es menos preciosa también la actividad individual, especialmente por parte de las personas que están mejor preparadas para ella, teniendo en cuenta las diversas clases de sufrimiento humano a las que la ayuda no puede ser llevada sino individual o personalmente. Ayuda familiar, por su parte, significa tanto los actos de amor al prójimo hechos a las personas pertenecientes a la misma familia, como la ayuda recíproca entra las familias.

Es difícil enumerar aquí todos los tipos y ámbitos de la actividad « como samaritano » que existen en la Iglesia y en la sociedad. Hay que reconocer que son muy numerosos, y expresar también alegría porque, gracias a ellos, los valores morales fundamentales, como el valor de la solidaridad humana, el valor del amor cristiano al prójimo, forman el marco de la vida social y de las relaciones interpersonales, combatiendo en este frente las diversas formas de odio, violencia, crueldad, desprecio por el hombre, o las de la mera « insensibilidad », o sea la indiferencia hacia el prójimo y sus sufrimientos.

Es enorme el significado de las actitudes oportunas que deben emplearse en la educación. La familia, la escuela, las demás instituciones educativas, aunque sólo sea por motivos humanitarios, deben trabajar con perseverancia para despertar y afinar esa sensibilidad hacia el prójimo y su sufrimiento, del que es un simbolo la figura del Samaritano evangélico. La Iglesia obviamente debe hacer lo mismo, profundizando aún más intensamente —dentro de lo posible— en los motivos que Cristo ha recogido en su parábola y en todo el Evangelio. La elocuencia de la parábola del buen Samaritano, como también la de todo el Evangelio, es concretamente ésta: el hombre debe sentirse llamado personalmente a testimoniar el amor en el sufrimiento. Las instituciones son muy importantes e indispensables; sin embargo, ninguna institución puede de suyo sustituir el corazón humano, la compasión humana, el amor humano, la iniciativa humana, cuando se trata de salir al encuentro del sufrimiento ajeno. Esto se refiere a los sufrimientos físicos, pero vale todavía más si se trata de los múltiples sufrimientos morales, y cuando la que sufre es ante todo el alma.

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Re: ARIEL ALVAREZ VALDEZ DEJO DE SER CURA

Mensaje  rastrojero el Vie 07 Ago 2009, 18:30

30. La parábola del buen Samaritano, que —como hemos dicho— pertenece al Evangelio del sufrimiento, camina con él a lo largo de la historia de la Iglesia y del cristianismo, a lo largo de la historia del hombre y de la humanidad. Testimonia que la revelación por parte de Cristo del sentido salvífico del sufrimiento no se identifica de ningún modo con una actitud de pasividad. Es todo lo contrario. El Evangelio es la negación de la pasividad ante el sufrimiento. El mismo Cristo, en este aspecto, es sobre todo activo. De este modo realiza el programa mesiánico de su misión, según las palabras del profeta: « El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ungió para evangelizar a los pobres; me envió a predicar a los cautivos la libertad, a los ciegos la recuperación de la vista; para poner en libertad a los oprimidos, para anunciar un año de gracia del Señor ».(93) Cristo realiza con sobreabundancia este programa mesiánico de su misión: Él pasa « haciendo el bien »,(94) y el bien de sus obras destaca sobre todo ante el sufrimiento humano. La parábola del buen Samaritano está en profunda armonía con el comportamiento de Cristo mismo.

Esta parábola entrará, finalmente, por su contenido esencial, en aquellas desconcertantes palabras sobre el juicio final, que Mateo ha recogido en su Evangelio: « Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; preso, y vinisteis a verme ».(95) A los justos que pregunten cuándo han hecho precisamente esto, el Hijo del Hombre responderá: « En verdad os digo que cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis ».(96) La sentencia contraria tocará a los que se comportaron diversamente: « En verdad os diga que cuando dejasteis de hacer eso con uno de estos pequeñuelos, conmigo dejasteis de hacerlo ».(97)

Se podría ciertamente alargar la lista de los sufrimientos que han encontrado la sensibilidad humana, la compasión, la ayuda, o que no las han encontrado. La primera y la segunda parte de la declaración de Cristo sobre el juicio final indican sin ambigüedad cuán esencial es, en la perspectiva de la vida eterna de cada hombre, el « pararse », como hizo el buen Samaritano, junto al sufrimiento de su prójimo, el tener « compasión », y finalmente el dar ayuda. En el programa mesiánico de Cristo, que es a la vez el programa del reino de Dios, el sufrimiento está presente en el mundo para provocar amor, para hacer nacer obras de amor al prójimo, para transformar toda la civilización humana en la « civilización del amor ».

En este amor el significado salvífico del sufrimiento se realiza totalmente y alcanza su dimensión definitiva. Las palabras de Cristo sobre el juicio final permiten comprender esto con toda la sencillez y claridad evangélica.

Estas palabras sobre el amor, sobre los actos de amor relacionados con el sufrimiento humano, nos permiten una vez más descubrir, en la raíz de todos los sufrimientos humanos, el mismo sufrimiento redentor de Cristo. Cristo dice: « A mí me lo hicisteis ». Él mismo es el que en cada uno experimenta el amor; Él mismo es el que recibe ayuda, cuando esto se hace a cada uno que sufre sin excepción. Él mismo está presente en quien sufre, porque su sufrimiento salvífico se ha abierto de una vez para siempre a todo sufrimiento humano. Y todos los que sufren han sido llamados de una vez para siempre a ser partícipes « de los sufrimientos de Cristo ».(98) Así como todos son llamados a « completar » con el propio sufrimiento « lo que falta a los padecimientos de Cristo ».(99) Cristo al mismo tiempo ha enseñado al hombre a hacer bien con el sufrimiento y a hacer bien a quien sufre. Bajo este doble aspecto ha manifestado cabalmente el sentido del sufrimiento.

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Re: ARIEL ALVAREZ VALDEZ DEJO DE SER CURA

Mensaje  rastrojero el Vie 07 Ago 2009, 18:31

VIII CONCLUSIÓN

31. Este es el sentido del sufrimiento, verdaderamente sobrenatural y a la vez humano. Es sobrenatural, porque se arraiga en el misterio divino de la redención del mundo, y es también profundamente humano, porque en él el hombre se encuentra a sí mismo, su propia humanidad, su propia dignidad y su propia misión.

El sufrimiento ciertamente pertenece al misterio del hombre. Quizás no está rodeado, como está el mismo hombre, por ese misterio que es particularmente impenetrable. El Concilio Vaticano II ha expresado esta verdad: « En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Porque ... Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al hombre y le descubre la sublimidad de su vocación ».(100)

Si estas palabras se refieren a todo lo que contempla el misterio del hombre, entonces ciertamente se refieren de modo muy particular al sufrimiento humano. Precisamente en este punto el « manifestar el hombre al hombre y descubrirle la sublimidad de su vocación » es particularmente indispensable. Sucede también —como lo prueba la experiencia— que esto es particularmente dramático. Pero cuando se realiza en plenitud y se convierte en luz para la vida humana, esto es también particularmente alegre. « Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte ».(101)

Concluimos las presentes consideraciones sobre el sufrimiento en el año en el que la Iglesia vive el Jubileo extraordinario relacionado con el aniversario de la Redención.

El misterio de la redención del mundo está arraigado en el sufrimiento de modo maravilloso, y éste a su vez encuentra en ese misterio su supremo y más seguro punto de referencia.

Deseamos vivir este Año de la Redención unidos especialmente a todos los que sufren. Es menester pues que a la cruz del Calvario acudan idealmente todos los creyentes que sufren en Cristo —especialmente cuantos sufren a causa de su fe en El Crucificado y Resucitado— para que el ofrecimiento de sus sufrimientos acelere el cumplimiento de la plegaria del mismo Salvador por la unidad de todos.(102) Acudan también allí los hombres de buena voluntad, porque en la cruz está el « Redentor del hombre », el Varón de dolores, que ha asumido en sí mismo los sufrimientos físicos y morales de los hombres de todos los tiempos, para que en el amor puedan encontrar el sentido salvífico de su dolor y las respuestas válidas a todas sus preguntas.

Con María, Madre de Cristo, que estaba junto a la Cruz, (103) nos detenemos ante todas las cruces del hombre de hoy.

Invoquemos a todos los Santos que a lo largo de los siglos fueron especialmente partícipes de los sufrimientos de Cristo. Pidámosles que nos sostengan.

Y os pedimos a todos los que sufrís, que nos ayudéis. Precisamente a vosotros, que sois débiles, pedimos que seáis una fuente de fuerza para la Iglesia y para la humanidad. En la terrible batalla entre las fuerzas del bien y del mal, que nos presenta el mundo contemporáneo, venza vuestro sufrimiento en unión con la cruz de Cristo.

A todos, queridos hermanos y hermanas, os envío mi Bendición Apostólica.

Dado en Roma, junto a San Pedro, en la memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes, el día 11 de febrero del año 1984, sexto de mi Pontificado.
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Prropongo:

Mensaje  rastrojero el Vie 07 Ago 2009, 18:35

Mire Mistol: no creo que sea justo abrumar a los demàs amigos foristas con temas que tal vez no interesan, y que ademàs puedan no corresponder a la tèmatica que en este foro se trata, por lo que doy por cerrado todo debate o aporte de documentaciòn relacionada con este hilo.

Crea usted lo que cree. Yo creerè en lo que creo.

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Sobre Ariel Alvarez Valdez

Mensaje  Mistol el Sáb 08 Ago 2009, 00:39

Me parece bien que siga expresando lo que usted cree, yo seguiré en mis convicciones. Lamentablemente Ariel Alvarez Valdes, no puede hacer eso, y es debido a una censura por parte de La Iglesia. La libertad debe estar en todos los ambitos, el egoismo y la envidia deben desterrarse de una vez por todas. Hay gente que no soporta a la gente que se preparó mas que ellos, y como no pueden superarse, creen que crecen pisando la cabeza del otro. Yo lo unico que sé es que mucha gente regresó a escuchar misa escuchando a este sacerdote, mucha gente comprendió cosas que antes creian muy oscuras, debido a lo claro y pedagogico de sus discursos. De todas maneras, aunque lamento que deje los habitos, estoy contento por que creo que obró con sinceridad y siendo fiel a lo que cree, supongo que debe haber sido muy dificil sentir que mucha gente colega te ponga trabas, que no te quieran asignar una parroquia(cuando lo que escasean son sacerdotes). Yo tambien doy por concluido este intercambio de opiniones, aunque para ser sincero, hubiera preferido leer sus opiniones directas, y no que corte y pegue opiniones de otros y para ser mas sincero aun, debo expresarle que lo que mas me desagradó de su post es la liviandad con la que ejerció el sarcasmo al final del mismo. Siga pues defendiendo lo que crea correcto, pero le sugiero que evite prejuzgar a gente que ni siquiera conoce. Un abrazo

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"Soy amigo de Pedro, pero más amigo de la verdad"

Mensaje  rastrojero el Sáb 08 Ago 2009, 09:52

Repito: qué es lo que le hace pensar que no conozco a Ariel Álvarez Valdéz?. Lo conozco demasiado. Más de lo que hubiese querido conocerlo. No conocerlo me hubiese ahorrado muchas dudas e incertidumbres que luego me costó mucho desterrar o despejar.

Ariel fue profesor mío, y ya en aquellos tiempos negaba o cuestionaba las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia.

Cierta vez, hablando justamente acerca de Jonás, se explayaba con risas acerca de la infantilidad de ese relato bíblico y decía: “Es una estupidez creer que Jonás estuvo en el vientre de un gran pez durante tres días y no fue disuelto por los jugos gástricos de ese animal. Esos son cuentitos que sirven para dejar una enseñanza.”. Yo, como alumno, le dije que sí creía en la historia de Jonás, por que si Dios no podía mantener vivo a un hombre dentro del vientre de un pez, entonces no era omnipotente, y por lo tanto no era Dios, y por lo tanto no valía la pena creer en Él.

Ariel se quedó callado, por que sabía que si me contestaba eso, estaba confirmando la impotencia de Dios para obrar un milagro menor, como lo es mantener con vida a una persona.

Ariel celebra la Santa Misa, y ni bien termina de consagrar las Santísimas formas, baja y comienza a saludar y abrazar a cuanta persona se le cruce, desparramando heréticamente partículas consagradas (cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo) en espaldas palmeadas, manos estrechadas, etc.

Previo a esto, la celebración es una perorata improvisada y espontánea de lo que a Ariel se le ocurre en el momento, sin respetar ni seguir ninguna de las fórmulas consagratorias.

Si “corté y pegué” fue solo para que usted tenga a la vista las fuentes mismas de la verdad, y no imponerle MIS palabras o MI pensamiento.

El libre albedrío, tan generosamente dado por Dios a los hombres, nos habilita a optar como mejor nos parezca. Usted es libre de seguir a Ariel, o a la Iglesia fundada por Cristo mismo, quien delegó en Pedro la vicaría sobre la tierra (“Lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo….”), y quien a su vez la delega en sus obispos. Pero recuerde:


“Extra ecclesiam nulla salus” .

Si lo hirió mi sencillo y aguado sarcasmo, le pido sinceras disculpas. Recibo y retribuyo su abrazo.

*Cuando dice "opiniones de otros", se está refieriendo a S.S.Juan Pablo II, Chesterton, Maeztu, D¨ors, etc?. Pruebe poniendo estos nombres en el buscador, y verà cuan chiquito queda el nombre de Ariel al lado de el de ellos.


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Adios sacerdocio, adios hipocresia

Mensaje  Mechi el Sáb 08 Ago 2009, 14:59

Sr. Mistol: Ud, en su pobre defensa del ex-padre Ariel, solamente expone argumentos, que salen del mismisimo Ariel, cuando se dirige a la Gilada santiagueña, ya que el se considera por conocimientos y por $$$$ , por encima de todo santiagueño.

Sr. Rastrojero, por lo visto, Ud. esta dentro o estuvo del ambito eclesiastico. conoce bastante de la personalidad del cuasi dictador el ex padre Ariel. Comparto su opinion, de que era hora, de que Ariel, deje de inventar historias para que todos los roden y lo llenen de aplausos,y abandone el sacerdocio de una vez y para siempre.

Agrego:Ël arzobispo de Milan,Carlo Maria Martini, jesuita, Rector de la universidad Gregoriana, cardenal que preside las conferencias Episcopales de Europa,es alguien que solicita indefectiblemente, que el ex-padre Ariel Alvarez Castiglione Valdez, se retracte de todos los contenidos volcados en sus libros, publicados la gran mayoria en Santiago del Estero.

"La Iglesia no satisface expectativas, Celebra misterios"
Ante la no coincidencia de fondo, en temas de la Iglesia Catolica el padre Ariel, deberia entregarse al "misterio" , y no seguir negando aquello que deberia sostener al abrazar el sacerdocio.

Si no le gusta, lo que sostiene la doctrina de laIglesia Catolica, deberia haber dejado el sacerdocio hace tiempo ya. El sacerdocio, no es para cobardes, es para hombres de bien que siguen a Jesus,quienes aceptan las normas de la institucion, y eligen respetarlas.

Mechi

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Re: ARIEL ALVAREZ VALDEZ DEJO DE SER CURA

Mensaje  rastrojero el Sáb 08 Ago 2009, 19:17

"Si no le gusta, lo que sostiene la doctrina de laIglesia Catolica, deberia haber dejado el sacerdocio hace tiempo ya. El sacerdocio, no es para cobardes, es para hombres de bien que siguen a Jesus,quienes aceptan las normas de la institucion, y eligen respetarlas".

Tal cual, Mechi. Se imagina usted a rabino cuestionando la prohibiciòn de trabajar los dìas sàbados que esa religiòn respeta desde hace milenios?. O a un musulmàn afirmando que el veto a beber alcohol que establece rigurosamente su credo es una tonterìa?. El primero estarìa expulsado de su rabinato y repudiado por su grey. Y el segundo estarìa siendo lapidado en una plaza pùblica por blasfemo.


Elegimos la fe que vamos a creer y respetar, y la elegimos, justamente, por que creemos que es el camino màs fiel a Dios. No lo elegimos para luego hacerle algunas "correcciones" y "agregados" que la hagan menos cuesta arriba o más accesible a nuestra pretensiones.

rastrojero

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Como comenzó todo

Mensaje  Mistol el Dom 09 Ago 2009, 04:08

Para aquellos que no saben bien que es lo que pasó con Ariel Alvarez Valdez:
Una condena oculta y mentiras piadosas. Por Washington Uranga



La Iglesia le prohibió al biblista Ariel Alvarez publicar, enseñar y usar los medios por supuestos errores doctrinarios. Antes el cardenal Bertone le exigió que se retractara diciendo que era por iniciativa propia y no porque se lo impusieron y al obispo Polti que asumiera la responsabilidad de la sanción desligando al Vaticano. Los colegas del teólogo se lavan las manos.

El 4 de agosto pasado el obispo de Santiago del Estero, Francisco Polti, hombre del Opus Dei, le prohibió al teólogo y biblista Ariel Alvarez Valdés “hacer nuevas publicaciones o disponer la reedición de publicaciones anteriores”. El cura tampoco podrá enseñar “disciplinas teológicas en cualquier nivel de docencia, incluyendo cursos cortos, conferencias y toda otra actividad análoga”. Se le impide además “participar en la organización y uso de medios de comunicación social, incluyendo Internet, ya sea a través de escritos, grabaciones, filmaciones y cualquier otro tipo de soporte”. Sin embargo, según Polti “el presbítero doctor Ariel Alvarez Valdés no ha sido afectado por condena alguna”, sino que, dado que sus afirmaciones causan “perplejidad” y no son “compatibles con la enseñanza del magisterio auténtico de la Iglesia”, se lo ha “exhortado” para que “revise su actitud en espíritu de humildad, obediencia y comunión, para el bien de toda la Iglesia, y de un mayor y fructuoso servicio ministerial”.

Al tomar tal determinación Polti cumplió con el encargo emanado de Roma, y en concreto del cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado del Vaticano, que le mandó callar al cura. Con lógica de obediencia debida el obispo asumió la decisión “en ejercicio de la responsabilidad propia de su oficio”, liberando al Vaticano y a Bertone de toda responsabilidad, tal como se lo ordenaron.

En síntesis. Alvarez Valdés no puede publicar, ni enseñar, ni hablar por los medios de comunicación. Pero para Polti esto no es una “condena” sino una “exhortación”. El obispo dice también que en esto nada tiene que ver el cardenal Bertone, como si desconociera una carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio), fechada en el Vaticano el 12 de junio de 2002 (oficio 61/98-15187) y que lleva la firma del propio Bertone (ver facsímil) en la que se precisa que “esta Congregación ha juzgado insatisfactoria” la respuesta dada por Alvarez Valdés al pedido de retractación que se le solicitó.

¿Quién es Ariel Alvarez Valdés?

Es un sacerdote católico, teólogo y biblista reconocido internacionalmente. Nació en Santa Fe y vive en Santiago del Estero, donde hasta agosto pasado se desempeñaba como docente en la Universidad Católica y en el Seminario diocesano. Es licenciado en teología bíblica por la Facultad Bíblica Franciscana de Jerusalén, título que logró con la distinción Summa cum Laude. Es doctor en teología bíblica por la Universidad Pontificia de Salamanca (España) y como parte de sus estudios ha realizado viajes académicos por Egipto, Jordania, Turquía, Grecia y la península del Sinaí. Es miembro de la Asociación Bíblica Italiana, de la Asociación Bíblica Española y de la Sociedad Argentina de Teología. Su principal tarea ha sido la divulgación popular de la investigación científica de la Biblia, labor que realizó a través de gran cantidad de libros, revistas y artículos. Entre sus publicaciones más conocidas se cuentan ¿Qué sabemos de la Biblia? (cinco volúmenes) y Enigmas de la Biblia (ocho volúmenes) a las que se agregan otros títulos como Lo que la Biblia no cuenta y ¿La Biblia dice siempre la verdad?. Los trabajos del biblista santiagueño fueron traducidos al italiano, inglés, francés, alemán, flamenco, ruso, ucraniano, rumano y portugués.

¿Qué le cuestiona el Vaticano?

Que sus escritos contienen “afirmaciones erróneas o ambiguas” que no son compatibles con “la enseñanza del magisterio auténtico de la Iglesia” (ver “Las afirmaciones...”). Pero quizá tanto o más que lo anterior, a Roma y a Bertone les molesta que Alvarez Valdés “traspasa indebidamente (su exégesis) del plano de la discusión científica al de la divulgación”. Pareciera que por encima del supuesto error lo que les resulta más molesto es que esto se haga en lenguaje popular y accesible para un público amplio. En 1999 la Congregación para la Doctrina de la Fe había ordenado que todos los textos de Alvarez Valdés fueran analizados por un perito. La conclusión del experto fue, entre otras consideraciones, que los trabajos del biblista “prestan un gran servicio a los católicos poco formados” y que “la notable acogida que han tenido sus escritos en los agentes de pastoral indica un reconocimiento de su servicio a la Iglesia en esta tarea de amplia divulgación”. A Bertone no le gustó el informe y lo tildó de “incongruente” por decir que en el trabajo de Alvarez Valdés hay “afirmaciones problemáticas”, pero que “no son gravemente contrarias a la fe católica”.

Las observaciones y críticas del Vaticano hacia Alvarez Valdés se iniciaron en 1995 a partir de una denuncia realizada por el sacerdote jesuita uruguayo Horacio Bojorje a raíz de un artículo titulado “¿El diablo y el demonio son lo mismo?”. El biblista sostuvo en ese texto que los endemoniados del Evangelio eran, en muchos casos, enfermos con patologías desconocidas en aquella época. Desde entonces las autoridades eclesiásticas comenzaron a exigirle retractaciones públicas y a imponer censura previa a sus publicaciones. En 1999, Tarcisio Bertone, entonces secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe que presidía el cardenal José Ratzinger (hoy Benedicto XVI), demandó que se hicieran nuevas ediciones de los libros de Alvarez Valdés, incluyendo allí las correcciones por supuestos errores, pero además que el cura se retractara públicamente. El texto de la retractación debía ir antes al Vaticano para su aprobación.

¿Qué creer, qué pensar y cómo decirlo?

En diciembre del 2001 y ante la insistencia de Roma, el entonces obispo de Santiago del Estero, Juan Carlos Maccarone, decidió sacar a Alvarez Valdés del ojo de la tormenta y enviarlo a Salamanca a cursar su doctorado. No sirvió. En carta del 12 de junio del 2002 Bertone rechazó el borrador de retractación por considerarlo “insatisfactorio” y el 22 de octubre del año siguiente el cura recibió un nuevo documento en el que se le dice que debe afirmar según la ortodoxia doctrinal. Después de varias idas y vueltas, en el 2006 finalmente el Vaticano se dio por satisfecho con el borrador de las retractaciones, pero antes de que se publicara, en el 2007, el obispo Polti le hizo saber que se había incorporado un nuevo censor para los textos y les agregó dos nuevas retractaciones a las ocho ya conocidas. Sin embargo el 3 de abril del 2008 apareció una nueva sorpresa para Alvarez Valdés. En una carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe, fechada ese día en el Vaticano, firmada por el arzobispo Angelo Amato y dirigida al obispo Polti, se adicionó un nuevo “texto para ser añadido al elenco de retractaciones” y se precisó que “el autor no debe hacer ninguna referencia a esta Congregación en la publicación de las retractaciones”. Por entonces Alvarez Valdés había aceptado retractarse a condición de incluir una mención expresa de que actuaba de tal manera por pedido explícito de la autoridad eclesiástica.

El 28 de abril del 2008 el obispo Polti le escribió a Alvarez Valdés para transmitirle todas y cada una de las instrucciones que recibió de Roma, incluyendo “la prohibición de ulteriores nuevas publicaciones de tus escritos, hasta que conste tu maduración teológica y que efectivamente seas alejado de la docencia”. Si bien en esa carta Polti admite que se sujeta a lo que el Vaticano le indica, en su comunicación pública el obispo exculpa a Bertone y asume él mismo la responsabilidad de las sanciones, sosteniendo además que el cura “no ha sido afectado por condena alguna”.

Que no panda el cúnico

Podía al menos esperar Alvarez Valdés que sus colegas de la Sociedad Argentina de Teología (SAT) salieran en su defensa, considerando también que una censura a cualquiera de sus miembros podría, en definitiva, terminar afectando la labor científica de los teólogos y los biblistas. Tampoco esto ocurrió. El 1º de setiembre pasado el presidente de la SAT, el sacerdote Víctor Manuel Fernández, recientemente designado decano de la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina (UCA), dirigió una carta a los socios de la entidad en la que insiste, a pesar de las pruebas, en que en el caso de Alvarez Valdés “no hubo intervención de la Santa Sede que de algún modo nos afecte a todos en nuestra reflexión y libre investigación”. Algo así como: “quédense tranquilos, muchachos... no hay nada de qué preocuparse”. Porque, sigue diciendo, “hay sólo una sanción disciplinaria del obispo”. Luego, en un texto de apenas cuarenta líneas, recuerda que la obra de Alvarez Valdés fue sometida a revisión y agrega, de manera inexacta, que “sólo se le pidió que se retractara acerca de un tema relativo a los exorcismos”.

Aunque no defendió a Alvarez Valdés, el presidente de la SAT tranquilizó a la tropa entendiendo que las consideraciones sobre el caso “nos ayudan, una vez más, a precisar bien el alcance de las sanciones, para no dar a entender que cualquier sanción afecta el libre desarrollo de nuestra investigación teológica o exegética en temas que continúan abiertos al debate”. Todo bien. Nada por lo que alarmarse. Mientras tanto, Ariel Alvarez Valdés seguirá sancionado por causar “perplejidad”, no podrá escribir o enseñar hasta tanto no acepte retractarse diciendo además que lo hace por propia voluntad y no a pedido del Vaticano.
Fuente Página 12


Mire rastrojero, me parece que este foro no esta hecho para discuciones teologicas, pero si para condenar la censura, la persecución, la falta de libertad de pensamiento y los intereses de algunos sectores ultraconservadores de la institucion eclesiastica. Tal vez en un foro de teologia lo discutamos mejor al tema, ya tenemos al menos a Mechi para que juzgue el pleito.
Lo que si me atrevo a decirles es que no deberian sentir tanto rencor, odio o resentimiento hacia un sacerdote que lo unico que intentó fué brindar conocimiento adquirido en instituciones avaladas por La Iglesia, que acercó palabras de esperanza y fé y que con alegría siempre estuvo dispuesto a decir que el amor es lo que redime y lo único que nos puede salvar. No sientan tanto rencor, no es digno de un Catolico que se precie de tal.

Mistol

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Los famosos nueve "errores" de Alvarez Valdez

Mensaje  Mistol el Dom 09 Ago 2009, 04:39

Nueve "Errores" de Ariel Alvarez Valdez (T. Bertone) Por Xavier Pikaza Ibarrondo.(Vasco de Orozko (1941), experto en Biblia y religiones. Ha sido religioso de la Merced, es mercedario de corazón. Ha sido presbítero, es católico convencido y practicante. Ha sido profesor en la Universidad Pontificia de Salamanca, le gustaría ser Maestro en teología, como le nombraron sus amigos de Orden. Da gracias a Dios por lo que ha sido y lo que es: cristiano de a pie y teólogo seglar, casado con M.Isabel. Habla donde le llaman, escribe lo que sabe, publica donde puede. Ha enseñado en varias universidades, ha escrito algunos libros. Le gustaría que este blog fuera espacio de encuentro de teólogos y amigos de la vida, se consideren o no cristianos. Sobre su obra, cf. Panorama de la teología española, Verbo Divino, Estella 1999, 499-516; J. Bosch (ed), «Pikaza», en Diccionario de teólogos contemporáneos, Monte Carmelo, Burgos 2004.)


Con la “retractación” sobre el diablo (año 2001), de la que ayer hablamos pudo parecer que el asunto había terminado. Pero, por desgracia, como saben los que conocen estas cosas, el asunto sólo había empezado. Los “ortodoxistas” de Argentina y del entorno le siguieron acusando, de manera que el año siguiente (2002) T. Bertone, Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, mandó de nuevo a su obispo, Juan Carlos Maccarone, nueve proposiciones “erróneas” que Ariel Álvarez debía rechazar. El obispo logró detener el proceso, enviando a D. Ariel a estudiar a Salamanca, para madurar el asunto durante un par de años, que Ariel aprovechó para preparar y defender su tesis en Sagrada Escritura, como verá quien siga leyendo.
Octubre del 2002. Mi encuentro con Ariel
No le conocía, no sabía nada de él. Tenía la certeza de que sería mi último año en Salamanca y preparé a conciencia un curso de licenciatura y doctorado sobre el judaísmo. El segundo día de clase me fijé en él. Al acabar la clase vino y hablamos.
–¡Qué haces por aquí?
Quiero escribir la tesis doctoral sobre el Apocalipsis y me gustaría que Usted me ayudara.
– ¿Tienes ya alguna idea?
– Un poco… Estudié en Jerusalén y enseño en Santiago del Estero. Sé algo de hebreo, un poco de judaísmo…
– Vale, vale. ¿No sigas?
–¿Sobre qué quieres hacer la tesis?
– Sobre La Nueva Jerusalén…
– Excelente. ¿Por qué no lees un trabajo sobre el tema en la Revista Bíblica… y después hablamos? Me parece bueno para empezar
– Ese trabajo… bueno, el autor de ese trabajo soy yo (se trata de ÁLVAREZ VALDÉS, A., La Nueva Jerusalén del Apocalipsis, RevBib 47 (1992) 141-153)..
Así le conocí. Sabía lo que quería, conocía el judaísmo, había estudiado la literatura apocalíptica. Tomamos un café y hablamos mucho. Me contó algo de su vida… y de las razones de su estancia en Salamanca. Tenía ciertos problemas con la Congregación de la Doctrina de la Fe … y el obispo le había mandado a una facultad “ortodoxa” como la de Salamanca… Para que los de Roma se olvidaran, para que pudiera tener paz y madurar las cosas.
2002. La nueve tesis peligrosas de Ariel Álvarez
Fue a casa, abrí el internet y vi quien era Ariel Álvarez Valdés. Hice dos o tres llamadas, me puse en contacto con algunos compañeros y en dos o tres días tenía la información sobre el caso del “Diablo” (que vimos ayer) y sobre las “nueve tesis” de las que le acusaba T. Bertone, Secretario de la Congregación de la D. de la Fe.
No voy a citar a las personas por las que me llegaron esas nueve tesis, pero cualquiera experto en estas cosas puede imaginar los caminos. Las tesis objetadas las conocía el mismo Ariel (a quien, por supuesto, no se las iba a pedir…); las sabían en Santiago del Estero (obispado), en Roma (los de la Congregación) y en Argentina (los teólogos que habían leído los escritos de Ariel y expurgado… de un modo más o menos honesto las nueve tesis). El caso es que las tengo desde entonces y hoy, con plena libertad, voy a publicarlas, sin comentario alguno. Quiero que los lectores juzguen… No sé si las reproduzco exactamente o si hay algunas variantes…En el fondo es lo mismo. Éstos son los temas pendientes de Ariel, desde el año 2002.
LAS 9 AFIRMACIONES DE ALVAREZ VALDES QUE EL VATICANO,
A TRAVÉS DE T. BERTONE, HA OBJETADO

1. (Ariel) Dios no manda los males ni el sufrimiento a los hombres, porque lo que “redime” es el amor, no el dolor.
(Bertone)Dios sí manda los males y sufrimientos, porque el dolor es redentor.
(2) (Ariel). Los milagros sí existen, pero en ellos no se suspenden las leyes de la naturaleza, ya que éstas no se conocen totalmente.
Bertone) En los milagros, sí se suspenden las leyes de la naturaleza.
(3) (Ariel) El libro de Job es un libro precristiano, que no contiene la respuesta definitiva al tema del sufrimiento. Esta la trae Cristo.(Bertone) El libro de Job no fue superado con la venida de Cristo.
(4) (Ariel) Los primeros capítulos del Génesis (Adán y Eva, Noé y el diluvio, etc), no contienen historia en el moderno sentido de la palabra.
(Bertone) Estos capítulos sí contienen historia.
(5) (Ariel) La virginidad de María “durante el parto” está basada en los Evangelios apócrifos. En realidad su parto debió de haber sido normal, como el de cualquier muchacha. Eso no menoscaba a María.
(Bertone) Aunque la virginidad de María “durante el parto” está basada en los Evangelios apócrifos, María se mantuvo virgen incluso “durante el parto (es decir, que no hubo ruptura de himen).
(6) (Ariel) El relato del ángel que habló con María en la anunciación es un género literario. En realidad Dios habló con ella en su corazón, como con nosotros.
(Bertone) El ángel de la anunciación es un elemento histórico y real del evangelista Lucas.
(7) (Ariel) La virgen María no puede aparecerse “físicamente” a nadie, porque ya no tiene cuerpo material. Se trata de “visiones”. Si fuera así, todos la verían.
(Bertone) La virgen María se aparece “físicamente” a quienes la ven.
(Cool (Ariel) Los estigmas no son signos de santidad, ni provienen de Dios, porque Dios no puede mandar lastimaduras físicas a la gente.
(Bertone Los estigmas vienen de Dios, y son señal de santidad de una persona.
(9) (Ariel) La fe en la resurrección no implica necesariamente la separación del alma y el cuerpo. Ésta es una explicación, pero no un dogma.
(Bertone) A morir una persona, se separa el alma del cuerpo; y el alma va al encuentro de Dios, mientras el cuerpo espera la resurrección.
Dos años en Salamanca, la tesis sobre el Apocalipsis
Evidentemente, no dije nada a D. Ariel Álvarez. Simplemente le indiqué que no podía dirigirle la tesis porque, probablemente, el año siguiente no podría estar en Salamanca… por razones parecidas a las suyas. No hablamos más del tema, pero nos divertimos mucho aquel año, yo con mis clases de judaísmo, él con sus intervenciones… y con su estudio del Apocalipsis.
En Mayo del 2003, sin acabar el curso, tuve que dejar la Universidad. Ariel siguió preparando su tesis, con los mejores profesores de la Facultad de Teología. Presentó la tesis el año siguiente, el 2004. No pude estar en ella y lo lamento todavía. Pero sé que obtuvo la máxima calificación: la Universidad de la Iglesia Española le confirió, en nombre de la ciencia bíblica y de la Iglesia el título de doctor y la capacidad de enseñar Sagrada Escritura.
La tesis se titula La Nueva Jerusalén, ¿ciudad Celeste O Ciudad Terrestre? Y fue publicada en Verbo Divino, Estella 2005
La obra tiene una finalidad y la de mostrar que el Apocalipsis no trata (directamente) de lo que pasará al final de los tiempos, sino de lo que está pasando ahora. Por eso, la Nueva Jerusalén no es una simple “ciudad futura”, sino que es la nueva realidad de amor y plenitud inaugurada con la muerte y resurrección de Jesús. No se trata, por tanto, de evadirse y de buscar el cielo futuro…, sino de construir el cielo desde aquí mismo, en esta historia, por medio de la Iglesia. La visión que Juan de Patmos tuvo sobre la nueva Jerusalén no se refería a una realidad que tendrá lugar al final de los tiempos, sino que es posible verla como una realidad inaugurada ya con la muerte y resurrección de Cristo.
Es una tesis ejemplar y sorprendente. Yo escribí un comentario al Apocalipsis (Verbo Divino, Estella 2001), pero no había profundizado en los temas y motivos que ha visto Ariel.
Conclusión de Pikaza
El año 2004 Ariel presentó su tesis… y volvió a Argentina. Se podrían pensar que los problemas habrían terminado, que T. Bertone habría olvidado los “errores” de Ariel, que todo podría serenarse. Pero las cosas no fueron así, como verá quien me siga leyendo mañana... en que comentaré la nueva formulación de esas tesis... que, por fin, Ariel no ha firmado, al menos de la forma en que se las ha presentado su obispo.

Mistol

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Pronunciamiento del grupo Obispo Enrique Angelelli

Mensaje  Mistol el Dom 09 Ago 2009, 04:45

Caso Ariel Alvarez: pronunciamiento de Grupo Obispo Enrique Angelelli [url=http://escrachalos.own0.com/javascript:void window.open('http://schleminger.tchile.com/virtual/comunidadvirtual.net/www/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=1546', 'win2', 'status=no,toolbar=no,scrollbars=yes,titlebar=no,menubar=no,resizable=yes,width=640,height=480,directories=no,location=no');][/url][url=http://escrachalos.own0.com/javascript:void window.open('http://schleminger.tchile.com/virtual/comunidadvirtual.net/www/index2.php?option=com_content&task=view&id=1546&Itemid=80&pop=1&page=0', 'win2', 'status=no,toolbar=no,scrollbars=yes,titlebar=no,menubar=no,resizable=yes,width=640,height=480,directories=no,location=no');] [/url][url=http://escrachalos.own0.com/javascript:void window.open('http://schleminger.tchile.com/virtual/comunidadvirtual.net/www/index2.php?option=com_content&task=emailform&id=1546', 'win2', 'status=no,toolbar=no,scrollbars=yes,titlebar=no,menubar=no,resizable=yes,width=400,height=250,directories=no,location=no');] [/url]
Contribuido por Agustín Cabré R., cmf
Meses atrás se conoció por diversos medios que el sacerdote Ariel Álvarez Valdez, licenciado en Teología Bíblica por la Facultad Bíblica Franciscana de Jerusalén y doctor en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia de Salamanca, fue privado del derecho a impartir clases y condenado al silencio por su Obispo.


El decreto de su Obispo le suspende del ejercicio de “la enseñanza de disciplinas teológicas en cualquier nivel de docencia, incluyendo cursos cortos, conferencias y toda otra actividad análoga” como también “para hacer nuevas publicaciones o disponer la reedición de publicaciones anteriores…y para participar en la organización y uso de medios de comunicación social, incluyendo Internet, ya sea a través de escritos, grabaciones, filmaciones y cualquier otro tipo de soporte”.

Esta limitación de su obispo se da con posterioridad a expresos pedidos de la Santa Sede, de que el padre Ariel se retractara de diversas afirmaciones suyas respecto a temas bíblicos. Es de todos conocida la abundante bibliografía de este sacerdote, como sus cursos y otras publicaciones, a través de los cuales ha llegado a una enorme cantidad de creyentes que encontraron en sus escritos una clarificación y comprensión del contenido esencial de la Biblia, superando la lectura ingenua o literal de la Escritura, que impiden un auténtico crecimiento en la fe. Toda la obra del Padre Ariel es un genuino esfuerzo por acercar la Biblia al pueblo.

Por otra parte tales prohibiciones son un cercenamiento de la libertad y del pluralismo teológico, imprescindibles si queremos vivir y convivir en una Iglesia madura y adulta. Sobre todo cuando las afirmaciones de este biblista son compartidas y enseñadas por la mayoría de los teólogos y exégetas actuales, como también por nosotros y muchos otros que nos encontramos en el ministerio pastoral.

No es menos doloroso que lo acontecido con este sacerdote, ya se ha hecho frecuente en la Iglesia en nuestro país y en muchos otros lugares del mundo. Teólogos, biblistas, pastoralistas, sacerdotes, laicos, religiosos, y tanto varones como mujeres y por decenas, han sido sancionados o amonestados, tanto por autoridades de la Santa Sede como por sus respectivos obispos, aunque siempre, se afirma, con las directivas de organismos vaticanos.

Todo hace pensar que estas persecuciones y condenas, pretenden acotar cualquier reflexión, docencia o publicación, para lograr un pensamiento único en nombre de la autoridad del Magisterio, impidiendo de este modo el crecimiento y maduración del conjunto de los fieles, renunciando al diálogo creativo entre legítimas posturas teológicas, acotando las búsquedas e investigaciones a las cuales el mismo Magisterio ha alentado en otros momentos.

Igualmente alarmante nos parece lo sucedido en la Arquidiócesis de Córdoba, donde el Padre Ariel tenía programadas tres visitas, una en septiembre, otra en noviembre y otra en diciembre para Cursos breves. Por sugerencia del Arzobispo de Córdoba, señalando que no le parecía conveniente su presencia, se suspendieron estos Cursos.

¿Qué se busca con estos procedimientos? ¿un pueblo ignorante para dominarlo? ¿un clero sumiso para manejarlo? ¿evitar la sana confrontación y la búsqueda creativa para conservar el orden establecido? ¿uniformar el discurso y negarse al diálogo maduro y creativo en nombre de una supuesta obediencia? ¿espíritus mediocres que teman la búsqueda y la creatividad necesarias para poner el Mensaje del Evangelio a la altura de los nuevos desafíos de la historia?

Por nuestra parte no nos resignamos a un silencio cómplice, ni queremos abonar la impunidad del poder. En nombre de nuestra adhesión al Evangelio que anunciamos y a la Iglesia que está viva en nuestras comunidades, reclamamos el esclarecimiento de estas situaciones y el sinceramiento por parte de quienes corresponda.

Estamos asistiendo a una etapa difícil en la vida de la Iglesia: las comunidades han perdido la fuerza y vigor de otros tiempos, las generaciones jóvenes no se sienten identificadas con las propuestas que ofrecemos, la credibilidad en la institución eclesial se pierde día a día, muchos que intentan acercarse se ven defraudados por los autoritarismos y la resistencia a aceptar las diferencias y las nuevas realidades que aparecen en el cambio epocal de este nuevo milenio.

En este contexto se revela anacrónico y aún inmoral el cercenamiento de las búsquedas de nuevos caminos y de la libertad de pensamiento de quienes han optado por la investigación y el estudio para poner la Teología, la Escritura, el Dogma o la Moral al servicio de una humanidad cada día más sana y más libre para pensar y optar.

Responde a la más sana teología la afirmación de que el Obispo tiene autonomía en su Diócesis y que su ministerio no está sujeto ni está por debajo de los organismos de la Curia romana. Es otra cosa el lugar del Obispo de Roma, el Papa, junto a sus hermanos en el Episcopado, lugar que de ninguna manera desconocemos. ¿Qué les sucede entonces a los pastores de la Iglesia que actúan con miedo o con una suerte de “obediencia debida” ante los reclamos de los organismos vaticanos?

¿Qué será de una Iglesia donde se pretenda uniformar el pensamiento, o imponer la autoridad por el temor o por la coacción? Se podrá lograr una aparente unidad, pero habremos renunciado a la esencia del Evangelio que entre otras cosas nos señala que la autoridad es un servicio y que la corrección fraterna es el camino para la superación de los conflictos que necesariamente se dan en el seno de cualquier comunidad.

Tal vez estamos a tiempo de reaccionar de esta suerte de involución y retorno a costumbres o criterios de otros tiempos. Encaremos sin temor y con adultez estos conflictos y diferencias y demos ante el mundo el testimonio de apertura y creatividad que los tiempos reclaman.

Alentamos a quienes lean esta Carta y la compartan, la difundan en sus comunidades y la transmitan por los medios que dispongan. No tiene otra intención que alentar el diálogo, y reafirmar la madurez que es deber y derecho de toda persona y de todo creyente.

Córdoba, Argentina, 17 de noviembre de 2008




Mistol

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Creo que sabe en què terminò esto

Mensaje  rastrojero el Dom 09 Ago 2009, 09:12

Vida monástica y académica de Martìn Lutero.
[editar]
El joven Lutero se dedicó por completo a la vida del monasterio, empeñándose en realizar buenas obras con el fin de complacer a Dios y servir a otros mediante la oración por sus almas. Se dedicó con mucha intensidad al ayuno, a las flagelaciones, a largas horas en oración, al peregrinaje y a la confesión constante. Cuanto más intentaba agradar a Dios, más se daba cuenta de sus pecados.[4]
Johann von Staupitz, el superior de Lutero, concluyó que el joven necesitaba más trabajo para distraerse de su excesiva reflexión, y ordenó al monje que comenzara una carrera académica. En 1507 Lutero fue ordenado sacerdote, y en 1508 comenzó a enseñar Teología en la Universidad de Wittenberg. Lutero recibió su grado de bachiller en Estudios Bíblicos el 9 de marzo de 1508. Dos años después realizó una visita a Roma, que lejos de redituarle espíritualmente, le causó una gran decepción al percatarse del estado vano y mundano en el cual había caído la curia romana.[5] El 19 de octubre de 1512, Martín Lutero recibió el grado de Doctor en Teología y el 21 de octubre de 1512 fue "recibido en el Senado de la Facultad de Teología", dándole el título de Doctor en Biblia. En 1515 fue nombrado vicario de su orden, quedando bajo su cargo once monasterios.[6]
Durante esta época estudió el griego y el hebreo para profundizar en el significado y los matices de las palabras utilizadas en las Escrituras, conocimientos que luego utilizaría para la traducción de la Biblia judía .

Teología de la gracia de Lutero [editar]


Las ansias de obtener grados académicos llevaron a Martín Lutero a estudiar las Escrituras en profundidad. Influenciado por la vocación humanista de ir ad fontes («a las fuentes»), se sumergió en el estudio de la Biblia y de la Iglesia primitiva. Debido a esto, términos como la penitencia y la probidad tomaron un nuevo significado para Lutero, convencido ahora de que la Iglesia había perdido la visión de varias verdades centrales que el cristianismo enseñaba en las Escrituras, siendo una de las más importantes de ellas la doctrina de la justificación sólo por la fe. Lutero empezó a enseñar que la salvación es un regalo exclusivamente de Dios, dado por la gracia a través de Cristo y recibido solamente por la fe.[7]
Más tarde, Lutero definió y reintrodujo el principio de la distinción propia entre la Ley de Moisés y los Evangelios que reforzaban su teología de la gracia. Como consecuencia, Lutero creía que su principio de interpretación era un punto inicial esencial en el estudio de las Escrituras. Notó que la falta de claridad al distinguir la Ley Mosaica de los Evangelios era la causa de la incorrecta comprensión del Evangelio de Jesús en la Iglesia de su época, institución a la que responsabilizaba de haber creado y fomentado muchos errores teológicos fundamentales.

rastrojero

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Debate esteril.

Mensaje  rastrojero el Dom 09 Ago 2009, 09:26

Amigo Mistol: creo realmente que este es un debate esteril, en el cual ninguno de los dos(ni usted ni yo) habremos de ceder en nuestras posturas.

Solo quiero aclarar una ùltima cosa antes de retirarme definitivamente del tema (esta vez sì): lo que sostiene Ariel, es lo que sostiene Ariel. Lo que sostiene Bertone es lo que sostiene la iglesia. Espero en Dios y la Virgen sepa usted elegir a quien seguir.


"Pablo nos dice: "Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. "No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.” (Gá.1:6)

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Mensaje  pajarito-curioso el Dom 09 Ago 2009, 10:01

ADMINISTRADOR o AMIGO DIEGO como te gusta que le llamen, yo solo puse en este foro UNA NOTICIA que ningun medio local, por los cuales el GOBIERNO PRETENDE QUE NOS INFORMEMOS, no se había hecho eco.

Esto demuestra que mucha gente acude a este IMPORTANTE FORO, no solo a leer quien se INCORPORA (por ejemplo Mecha Bustos) como corrupto al quehacer diario, que otra IMPUNIDAD gozó los que ya estan, sino a leer NOTICIAS IMPOSIBLES ...En consecuencia SOLICITO DÉ POR CLAUSURADOEL DEBATE SOBRE ARIEL ALVAREZ VALDEZ...Ex sacerdote.
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